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¿Educan los padres igual a todos los hermanos?


Muchos padres se sorprenden cuando comprueban lo diferentes que son sus hijos, a pesar de que creen haberlos educado igual. Pero es imposible educar a todos de la misma manera. Además, cada niño necesita una atención diferente


Aunque los padres crean que educan igual a todos sus hijos, eso nunca es cierto del todo. A veces sin darse cuenta potencian que uno asuma más responsabilidades, consienten a otro o prestan más atención quien consideran más necesitado. Esto influye en la educación, pero además, aunque intentaran educar igual a todos, esto no es siempre lo adecuado, ya que cada niño tiene requiere una atención diferente. 


En este sentido tal vez lo más justo para el hijo mayor no es lo que necesita para “crecer” el mediano o el pequeño. Según el lugar que ocupa cada hijo dentro de la familia va a hacer que aparezcan situaciones que exigen una educación diferenciada y personalizada.


Es cierto que cada familia tiene rasgos propios a la hora de educar como es el sentido del humor, la tolerancia, la flexibilidad, la disciplina o la constancia según el estilo de personas que queremos formar. Sin embargo, no debe preocupar aceptar que no nos comportamos de la misma manera con el primer hijo, que ya tiene unos determinados años, que con el que le sigue o con el más pequeño. La experiencia –como circunstancia a favor– y el exceso de trabajo –en contra– supone afrontar los mismos retos cotidianos con conductas diferentes, pero igualmente justas.

EL LUGAR SÍ IMPORTA

El primogénito suele ser exigido y tratado como más mayor desde temprana edad, se le exigen más cosas y se le dan más responsabilidades. También es frecuente que al más pequeño se le permitan algunas “ventajas” que no se planteaban años atrás. Muchas veces se hace de forma inconsciente, otras acuciado por la necesidad, ya que, por ejemplo, la atención y exclusividad que tiene el primer hijo, es prácticamente imposible que la reciban los hermanos más pequeños. Todo ello hace que poco a poco se vayan forjando caracteres diferentes, a pesar de que los padres “crean” que los están educando igual.

A esta situación hay que añadir el carácter propio de cada hijo que hace que con la misma educación los resultados sean diferentes, ya que en realidad lo que requiere es una atención “adecuada” a su forma de ser. Así, a un niño muy responsable le puedes instar a que no sea tan exigente consigo mismo, mientras que a su hermano “más pasota” o perezoso, habría que forzarlo a exigirse más. Es decir, diferentes pautas para intentar al final conseguir el mismo rendimiento.

Pero, como se educa de adentro hacia fuera, lo importante es tener claros los principios y paradigmas que queremos transmitir más que las acciones puntualmente realizadas.

Los castigos, premios e incentivos deben ser realizados como fruto de la reflexión - no de la impulsividad - pensando que es lo mejor para cada hijo en concreto. Así cuanto más conozcamos y aceptemos la personalidad de cada hijo, más justos podemos ser en cada acto educativo. “A todos por igual” puede ser cambiado por “A cada uno lo que necesita” como afirmación cargada de cariño y justicia.

CINCO CLAVES PARA EDUCAR

-Aunque quisiéramos es imposible educar a todos de la misma manera. Cada niño es diferente y la Educación debe ser un traje a medida

-Es cierto que la forma de educar de los padres de una familia es similar, según el estilo de personas que queremos formar, pero por distintas circunstancias no lo es la forma en la que aplican esa educación

-Los padres y las circunstancias cambian a lo largo de su vida. La experiencia con el primer hijo no es la misma que cuando se tienen más. Por el contrario, el “exceso de trabajo” hace que no les podamos dedicar el mismo tiempo o los tratemos igual

-No debe preocuparnos aceptar que no nos comportamos de la misma manera con el primer hijo que con el mediano o el pequeño. Lo importante es que afrontamos los mismos retos cotidianos con conductas diferentes, pero igualmente justas

-La experiencia demuestra que a veces lo más justo o conveniente para un hijo no lo es para otro



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