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Haz que tus hijos no pierdan la magia de creer en los Reyes Magos


Comparte con tus hijos el origen y la magia de la tradición de los Reyes Magos y ayúdales a que cuando crezcan no pierdan la ilusión y mantengan intacto el espíritu de la Navidad


La noche de Reyes es una de las más mágicas en la vida de cualquier niño. Por eso cuando los hijos crecen, los padres no quieren que pierdan la ilusión y mucho menos que se queden con la idea de que todo es una mentira.

Para que mantengan la ilusión puedes compartir con ellos el origen de esta tradición tan arraigada en las familias.

Los Reyes Magos aparecen en el evangelio de San Mateo, aunque no dice que fueran reyes, cuántos eran, ni sus nombres. Solo dice que eran magos que siguiendo una estrella llegaron a Belén donde había nacido Cristo.

Al llegar al portal y en señal de adoración le entregan oro (en representación de la riqueza), incienso (como reconocimiento de su condición divina) y mirra (una resina que se utiliza para embalsamar en representación de su condición humana)

La palabra magos no hace referencia a la magia, sino que antiguamente era sinónimo de sabios.

A partir del siglo IV se establece que son tres, en representación de las tres razas conocidas (Melchor a Asia, Gaspar a Europa y Baltasar a África) y también las tres edades.
En el siglo IX se les designó por primera vez con sus nombres actuales.

Pero no es fácil darles a los niños una explicación que mantenga intacto el espíritu de la Navidad. En internet hemos encontrado una forma de explicarles a los niños la verdad sobre los Reyes Magos. Una historia que por su interés reproducimos.

 “Cuando el Niño Dios nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:

- ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serán.

- ¡Oh, sí-! -exclamó Gaspar-. Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo.

Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó:

- Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito.

Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento, sonrió y la voz de Dios se escuchó en el Portal:

- Sois muy buenos, queridos Reyes, y os agradezco vuestros regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme: ¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños?

- ¡Oh, Señor! -dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas. Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero no podemos tener tantos pajes, no existen tantos.

- No os preocupéis por eso -dijo Dios-. Yo os voy a dar, no uno, sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo.

- ¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? -dijeron a la vez los tres Reyes con cara de sorpresa y admiración.

- Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben querer mucho a los niños? -preguntó Dios.

- Sí-, claro, eso es fundamental - asistieron los tres Reyes.

- Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños?

- Sí-, sí-. Eso es lo que exigiríamos a un paje -respondieron cada vez más entusiasmados los tres.
- Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres?

Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que Dios estaba planeando, cuando la voz de nuevo se volvió a oír:

- Puesto que así- lo habéis querido y para que en nombre de los Tres Reyes de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, Yo, ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y de vuestra parte regalen a sus hijos los regalos que deseen. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contarán ésta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Y, alrededor del Belén, recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos todos son más felices.”

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