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¡Mi hijo no para quieto!


En niños pequeños la actividad es tan intensa que pueden presentar conductas alborotadoras, sin que por ello signifique que sufre hiperactividad (sindrome TDH)


“Es incansable”, “Se porta muy mal”, “¡No consigo que esté quieto!”. Estas son frases comunes a muchos padres que se plantean si su hijo es hiperactivo, síndrome que afecta al 7 % de los menores.

Paradógicamente a muchos niños calificados de “brillantes” se les diagnostica TDAH (Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad). Pueden ser niños agradables y divertidos pero con malos resultados en la escuela. Socialmente cuentan con muchos amigos, pero su ilimitado interés por todo es difícilmente controlable.

Esto se debe a que les cuesta aprovechar al máximo sus capacidades debido a un déficit de producción de transmisores cerebrales (noradrenalina y dopamina). Lo que hay que tener en cuenta es que los niños que hiperactividad no tienen por qué ser malcriados, ni los padres son culpables.

Para saber como tratar a estos menores conviene contar con algunos síntomas de alerta que orienten a los padres y profesores. también puede influir el ambiente en el que se encuentre el niño y el momento vital por el que esté pasando.

La OMS, propone algunos signos que pueden ayudar, siempre a partir de los tres años, cuando ya tienen cierto control en los impulsos motores.

Hay que estar alerta si el niño salta o corre en momentos inadecuados; no consigue jugar tranquilamente, se retuerce en exceso manos y pies, no es capaz de estar sentado, habla sin parar, le es difícil esperar su turno, suele entrometerse donde no debe y parece estar siempre en movimiento, como si su energía fuera inagotable.

También es posible que con frecuencia actúe antes de pensar, cometa muchos errores, no se centre, parezca que no escucha cuando le hablan, tenga dificultades de organización, se distraiga fácilmente, sea descuidado y le resulte difícil jugar a cosas que no impliquen fuerza física.

Es importante saber que si un niño presenta alguno de estos síntomas, no por ello es hiperactivo. También hay que conocer la fase de desarrollo evolutivo en la que se encuentra nuestro hijo, para poder apreciar si simplemente es movido porque “le toca por su edad” o hay algo más. Para ello, es el pediatra, junto con el psicólogo o el pedagogo, quienes deben diagnosticarlo.

Pero hay muchos niños que sin llegar a sufrir este trastorno, son muy nerviosos y movidos y en el caso de que cree tensión o malestar en el entorno familiar es conveniente consultar a un profesional que puede ayudar y “entrenar personalmente” a los padres en el manejo de estas conductas.

En cualquier caso ¡No es aconsejable ponerse nervioso!

QUÉ HACER PARA QUE ESTÉN MENOS NERVIOSOS

- Fijar límites y metas claras.
- Preparar un entorno y rutinas estables para darle seguridad.
- Utilizar música clásica
- No acusar, ni amenazar, sino concretar lo que está mal hecho y lo que debe hacer para corregirlo.
- Preparar lugares en la casa en los que pueda hacer más actividad que en otros.
- Enseñarle pautas sencillas de relajación, por ejemplo, la técnica de la tortuga.
- Mantener la calma y el control, y no olvidar que el niño inquieto es así para “castigar” a sus padres, simplemente no sabe portarse de otra manera.
- Felicitarle cuando consigue controlar la conducta
- Abrazarle y acariciarle cuando esté tranquilo.
- No hacerle caso cuando la conducta pueda ser ignorada.
- Un baño caliente con aroma de manzanilla ayuda a relajarse.
- Favorecer la práctica deportiva, es terapéutico para consumir energía.
- Paciencia y sentido del humor, normalmente al crecer se portará mejor

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