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Moda de los adolescentes: ¡No pensarás salir así de casa!


La ropa se convierte para los jóvenes en su seña de identidad ante la perplejidad de sus padres

Cuando los padres unos divertidos, otros enfadados y la mayoría asombrados, observan la ropa que llevan sus hijos adolescentes muchos no pueden evitar exclamar: "¡pero que pintas llevas!". Pero pocos recuerdan que no hace mucho que escucharon esas mismas palabras de boca de sus propios padres. Pelos largos, pantalones rotos, cazadoras de cuero... los "recursos" para que los jóvenes se expresen son diferentes, pero tienen un denominador común: no gustan a los padres.

No hay que olvidar que cada época ha tenido su estética, una forma de romper con la generación anterior. Lo único diferente ahora es que quizá los niños comiencen antes a imponer sus propios gustos, eso si, idénticos en la mayoría de los casos a los de sus amigos. Y es que a partir de una edad la ropa es un código que representa un etilo interno, aunque a veces se abandera de forma incoherente.

Durante la preadolescencia y la adolescencia los niños se visten como se sienten y se sienten como se visten. Elegir la ropa "a su aire" les permite manifestar que ya no son pequeños. Por eso, cada vez que los mayores les recriminan por su forma de vestir, les están mandando un mensaje de incomprensión. Ante esta situación lo mejor es marcar unos límites razonables y permitirles la libertad de elección entre esos márgenes.

 DEL CONSUMISMO A LA "MARQUITIS"

 Un caso diferente es el del consumismo. La "marquitis" que suelen sufrir muchos de los adolescentes y jóvenes de hoy en día, incluso los niños más pequeños. “Mamá quiero unas Converse”, “Me hacen falta unos Levis”, “Me voy a comprar el juego que sale en la tele”… Éstas son frases que a la mayoría de los padres les resultan muy conocidas y contra las que es difícil de luchar, porque detrás de ellas hay un proceso de manipulación llevado a cabo por la publicidad a través de la televisión.

Las formas de hablar y las modas igualan los gustos de los más jóvenes, que coinciden con los cánones impuestos por la publicidad. “¡Quiero las zapatillas de la tele!”. Ante esta exigencia hay que preguntarse: ¿es porque de verdad las quiere y le gustan? Desafortunadamente, más bien es porque están de moda, sus amigos las llevan y al tenerlas se siente uno más de ellos, parte del grupo. La ropa de moda muestra quien está al día y quien no y también quien es merecedor de tener amigos o reconocimientos social.

 Tenemos niños consumistas porque es lo que ven en la sociedad actual, niños que no valoran casi nada porque les cuesta muy poco conseguir las cosas. En general, tanto padres como hijos, prefieren productos de marcas conocidas a otras desconocidas o comprar algo que haya sido anunciado en televisión frente a algo que no. El problema es que las marcas no siempre son sinónimo de mejor calidad y eso considerando que muchos productos se conocen más por el nombre de una marca concreta que por su nombre genérico.

 No es fácil luchar contra esta situación, ya que los niños y adolescentes son el blanco perfecto de los anunciantes. Así, algunos estudios han demostrado que los niños son los “mejores” consumidores, es decir, son las víctimas principales de la publicidad, son el eslabón entre los empresarios y los gastos de la familia.

 Muchos psicólogos, pediatras y educadores coinciden en que los padres no deben acceder a todo lo que el niño pide, sino que se debe enseñar que en la vida no se puede tener todo. Con esto, preparamos a los niños para un futuro en el que tendrán que decir “no” a muchas cosas. Esto también sirve a la hora de hacer ver a los niños que por muy bonita que sea la publicidad de unas zapatillas, eso no significa que sean las de mejor calidad, sino tan solo las más conocidas.

Para ello, los padres deben hablar con el niño sobre sus necesidades reales, dejar que ellos expliquen sus ideas y el por qué de su elección. A partir de su respuesta se les puede hacer ver el valor y la utilidad real de las cosas. Hay que tratar de entender sus planteamientos de pertenencia a un grupo con ciertas características estéticas, aunque a veces requieran un presupuesto excesivo, pero también ayudarles a ver que las marcas no son un seguro de felicidad. Sin juzgarles y potenciando su personalidad, es bueno hacerles ver que ir diferente del grupo a veces puede ser mucho más interesante y original.

 Por último, no hay que olvidar que los padres son modelos a seguir para sus hijos, y de nada sirve hacer ver a los niños que el juego de moda en la televisión no tiene porqué ser el mejor, si luego nosotros nos guiamos por la publicidad. Como se dice popularmente hay que“predicar con el ejemplo”.

Artículos elaborados con el asesoramiento de Mar Sánchez Marchori.

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