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¡Deja de morderte las uñas!

Cuántas veces hemos escuchado o pronunciado lo de “¡deja de morderte las uñas!". Ese hábito tan familiar es una de las patologías que se dan con mayor frecuencia en niños. Una costumbre ligada a la ansiedad y que afecta a la salud dental y autoes

 

La onicofagia o el hábito de morderse las uñas, suele comenzar a los 3 o 4 años, cuando el niño ya cuenta con la coordinación suficiente, ha dejado el chupete y encuentra con este acto una forma de rebajar la ansiedad del momento. El problema viene cuando se automatiza de forma inconsciente pues es una forma de distraernos que nos relaja.


Dientes, encías y uñas

 

Una de las principales consecuencias en el campo de la salud es la referida al plano bucal. Los dientes y las encías son sin duda, junto con las uñas, los principales afectados de este insano hábito.

 

Un problema muchas veces estético que hace que de tanto repetirse repercuta en el desgaste de incisivos superiores e inferiores, recortando incluso las piezas y afectando además al esmalte. Otro de los problemas derivados es la posible ulceración en las encías.

 

Por lo que respecta a las uñas, además de facilitar su crecimiento anómalo, se ven sometidas a microtraumatismos, padrastros, rojeces o panadizos. Es más, puede afectarnos en el día a día a la hora de sujetar o recoger objetos al no poder contar con la uñas en su totalidad.

 

Todo ello sin olvidar la cantidad de gérmenes que sin apercibirnos llevamos a nuestra boca. Las bacterias, hongos y otros virus están invitados a permanecer en nuestro organismo.

 

Onicofagia y autoestima

 

Además del plano físico, la onicofagia puede tener consecuencias sociales. Más de un niño mostrará cierta vergüenza a la hora de mostrar sus manos como puede ser por ejemplo en el transcurso de un juego de mesa. También puede sentirse mal consigo mismo al comprometerse a no hacerlo más y no poder controlar esta compulsión lo que le genera un sentimiento de haber fallado.

 

Casi la mitad de los niños se ha mordido las uñas alguna vez y muchos de ellos continúan con este hábito en la adolescencia e incluso en la edad adulta. Las niñas en la pubertad suelen poner más remedios para evitarlo por razones estéticas.

 

No le riñas

 

Los expertos recomiendan no darle mucha importancia al acto. Se le puede hacer ver al niño las ventajas de no mordérselas, como es el de tener unas uñas bonitas y limpias y no molestar a los dientes.

 

También pintárselas para distraerlos o hacerle la manicura para que vea lo bien que lucen, así como vigilar en qué momentos sucede : viendo la televisión, leyendo, en algún momento de indecisión y tratar de desviar la atención. Si el hábito se agrava y te preocupa el psicólogo puede ayudarnos con distintas pautas conductuales.

 

Pero ante todo no le riñas. Los castigos y las reprimendas continuas no ayudarán a erradicarlo, sino todo lo contrario: influyen en que el niño se sienta culpable y sienta todavía más ansiedad que necesitará canalizar con este hábito hasta que encuentre una forma de contrarrestarla.

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