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Colegio Imperial de Niños Huérfanos de San Vicente: Una familia con seis siglos de historia

El Colegio Imperial de los Niños Huérfanos de San Vicente Ferrer es la institución benéfica educativa más antigua del mundo. Desde 1410 se dedica a la educación de niños, lo que se considera "el mayor milagro de San Vicente"

 

A principios del siglo XV San Vicente Ferrer empezó a acoger a los niños huérfanos de Valencia, conmovido por la necesidad y el desamparo de los niños. De esta forma, lo que empezó como una serie de obras de caridad, se convirtió en una Institución de reconocido prestigio.

 

Después de 600 años el Colegio Imperial de los Niños Huérfanos de San Vicente sigue cumpliendo la misión para la que nació: atender a los niños huérfanos. Con el tiempo ha ido adaptándose a las necesidades de cada momento, aunque sin perder nunca el espíritu para el que fue creado.

 

Por eso, actualmente esta Institución no se encarga sólo de niños huérfanos en el sentido estricto de la palabra, sino también de aquellos que por sus circunstancias familiares tienen carencia de padre o madre y, además, una situación de precariedad económica.

 

Un colegio para las familias

 

El Colegio es “una ayuda a las familias” en el sentido más amplio de la expresión, según explica José Ignacio Claver, Clavario Director del Colegio Los profesores y tutores saben que la familia es uno de los valores más importantes, ya que es ella la que ha de educar y orientar a los niños, por eso su misión es siempre apoyar y orientar –y nunca sustituir- a los padres en las necesidades educativas y materiales de sus hijos. Guiándose por este principio la Institución cuenta actualmente con un Colegio y una Residencia.

 

Los alumnos pueden elegir entre el régimen de internado o externo. Depende de cada familia y sus necesidades que cada niño viva en el Colegio durante la semana o en su casa. De esta forma todos los alumnos aprenden a convivir con diferentes realidades. El curso pasado 104 niños vivían en el colegio de lunes a viernes, y otros 150 acudían únicamente al centro concertado.

 

La casa-colegio

 

La Residencia del Colegio acoge a los niños sin perder de vista que es muy importante crezcan en un ambiente lo más parecido posible a un hogar. Por eso se organizan en tutorías, formadas por unos 8 o 10 niños de la misma edad y sexo. Cada grupo de niños tiene un tutor, que imita de alguna forma el rol de padre. De esta forma se crean una especie de “familias numerosas”.

 

Cada grupo vive con su tutor en casas independientes dentro del recinto del colegio, con una sala de estar, una sala de estudio, una sala de ocio, varios dormitorios y baños. Y, como en una familia, entre todos han de organizarse en las tareas comunes como la limpieza, el orden o la lavandería.

 

Cada tutor vive en la residencia junto a los alumnos y trabajan para lograr que los niños se sientan parte de la “gran familia” del colegio. Además, se encargan de organizar el tiempo y el seguimiento personalizado de los alumnos internos fuera del horario escolar. Es un trabajo muy particular y que requiere una dedicación singular.

 

Son todos titulados superiores en distintas especialidades educativas: magisterio, pedagogía, psicología, integración social, etc. y con experiencia en el campo de la animación sociocultural y en el tiempo libre. Además de organizar el tiempo (estudio, deporte, catequesis…) tienen a su cargo las funciones tutoriales de normativización, disciplina y convivencia buscando el desarrollo integral de cada uno de los niños en todas sus dimensiones, para lo cual desarrollan un programa de intervención personalizado.

 

La residencia pretende que los niños desarrollen al máximo su vida familiar. Por eso, los fines de semana y vacaciones escolares vuelven con sus familias a sus casas. De esta forma se garantiza la vinculación de los niños con sus familias y la responsabilidad que los padres tienen en la educación de sus hijos.

 

El Colegio parte de la idea de que muchos de sus alumnos han tenido que vivir situaciones complicadas en su vida. Por eso, además de necesitar un entorno en el que poder estudiar, necesitan una ayuda extra para desarrollarse de forma íntegra. En este sentido, Claver asegura que “los alumnos han de encontrar en su formación la mejor defensa ante las dificultades de la vida. De ahí que la divisa del colegio se haya ido definiendo como una educación para la vida”.

 

El Colegio de San Antonio de Benagéber

 

Actualmente el colegio está ubicado en San Antonio de Bengéber, dentro de un recinto amplísimo en el que están todas las instalaciones necesarias y que ha supuesto un nuevo renacer para la Institución

 

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