A veces cuando le riño, mi hijo sale corriendo y me dice "como no me puedes pillar..." Y es cierto. Cuando él tenía 18 meses y yo 38 años, un infarto medular me dejó tetrapléjica a nivel de C6-C7. Pasé muchas semanas en el hospital y necesité muchos meses de rehabilitación para aprender a aceptar que necesito ayuda y que mi vida ha cambiado.
Tengo partes de mi cuerpo paralizadas, pero puedo andar gracias a una muleta y a un acompañante. En mi casa, excepto (vestirme, comer y un pequeño etcétera...) soy prácticamente autónoma.
Pero no fue fácil. He tenido que luchar mucho. Primero para poder mantenerme sentada y conseguir así que me dejaran salir del hospital unas horas para ver a mi hijo, después para poder conseguir comer sentada, para estirar los brazos...
Estuve mes y medio sin ver a mi hijo y eso me dio fuerzas para luchar contra el diagnóstico de los neurólogos en el que prácticamente me desahuciaban. Conocí a un fisioterapeuta especial que me ayudó mucho y cuando por primera vez moví un dedo del pie me dijo: "si el tren puede llegar a la última estación, también podrá llegar a las intermedias".Y así, poco a poco, fui recuperando movilidad. Me hablaron de un centro en Barcelona y me fui allí para comenzar una dura rehabilitación gracias a la cual he podido mejorar. No solo puedo andar, también conducir, gracias a un coche automático y a un pomo en el volante que facilita las maniobras. Es cierto que tuve que dejar mi empleo en un departamento de auditoria interna, pero no descarto volver a trabajar en un futuro.
Cuando tuve el infarto mi vida cambió. Desde las cosas más simples, a las más importantes. Mi hijo había empezado a dormir solo en otra habitación, pero cuando regresé del hospital volvió a dormir con nosotros. No sólo porque era el único contacto físico que tenía, sino también porque si lloraba no podía ir a ver que le ocurría, necesitaba tenerlo cerca. Se que hay cosas que no puedo hacer, así que disfruto del lado lúdico y divertido de su educación.
Al principio me sentí muy angustiada, pero luego he aprendido a valorar la vida, a vivirla de una manera optimista. Ahora no cambio mi vida por nada. Cuando voy al parque con mi hijo, veo a muchas madres angustiadas, estresadas por el trabajo, porque no llegan al gimnasio, porque no consiguen tener la talla 38.... Y pienso que soy afortunada. Antes era como ellas, pero ahora veo la vida de otra forma. Tengo tiempo para disfrutar con mi hijo, leemos juntos y soy capaz de ver diez veces "Harry Potter", aprenderme todos los personajes y hacer concursos de quien sabe más. Son cosas para las que antes nunca tenía tiempo.
Al principio a mi hijo le extrañaba verme en silla de ruedas, comprobar que no era como las otras madres, pero cuando me pregunta le respondo de forma natural y él lo entiende, y a veces me dice que soy una "morruda" porque por la noches no me tengo que levantar para ir al cuarto de baño, o se mete conmigo porque "no le pillo".
Antes me quejaba de mi vida. Pero ahora ya no. Tengo una vida fantástica, una familia fantástica. Mi vida de antes solo me llevó a acabar infartada, ahora es más enriquecedora.
He aprendido a mirarlo todo con tranquilidad, tengo serenidad y no la ansiedad que sentía antes a todas horas por no llegar a todos los sitios, ni hacer todas las cosas. Cuando voy a ver a mis antiguos compañeros de trabajo, me doy cuenta que siguen con los mismos problemas que hace años. Yo, he cambiado mucho. Con mi lesión me di cuenta que tenía muchos amigos y aprendí a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida. Aprendí a apreciar lo que tengo y a disfrutar con mi hijo día a día.
Mamás, disfrutar con vuestros niños, tienen tanto que ofrecer... sólo hay que fijarse un poquito.
© 2013 padres o nones | Todos los derechos reservados | Diseño Web | RSS