Por: ROCIO CASANOVA
La maternidad es probablemente el cambio más rápido y radical que sufre una mujer a lo largo de su vida. Un día, sin darte apenas cuenta, tienes una personita a tu lado dependiendo de ti para el resto de tus días, o por lo menos eso es lo que crees que te va a pasar durante los años que te quedan.
Al principio disfrutas de esa niña que más que vestirla casi que la disfrazas como si fuera tu pequeña muñeca, vistiéndola y desvistiéndola constantemente, llenándola de lazos de colores, de frunces, de zapatitos de charol, de coletas y de trenzas. El tiempo va pasando y los lazos se convierten en diademas ganchitos y todo tipo de artilugios de colorines que te vas encontrando por casa hasta que un día descubres que tus mejores zapatos ya le están a tu hija.
¡¡¡¡Pero si es una niña!!!!! Sí, pero esa niña con apenas once o doce años ya usa tu mismo número de pie. Y en ese momento empiezas a tener que asimilar que todo va a cambiar, que tu ordenadísimo armario se va a convertir en su mejor aliado, que tu chaqueta de angorina aparecerá retorcida en una mochila con un millón de bolis sin tapa y que ya no te queda ni una solo par de medias en tu cajón.
La verdad es que es una situación curiosa, yo soy una madre joven, apenas tengo cuarenta años y mi hija catorce, y cada vez me divierte mas ver como yo misma intento repetir mi propio ejemplo, me paso el día diciéndole lo que se tiene que poner, como debe ser mas femenina, como asimilar esa adolescencia que nada tiene que ver con la que fue mía, y me empeño en que se ponga mis levi´s que aún guardo de cuando tenía su edad.
Y llega ese día en que la ves radiante con tus mejores jeans, unas zapatillas que tu jamás te habrías puesto, una camisa muy cortita y un cinturón muy hippie, salir corriendo en busca de sus amigos con su mejor sonrisa preguntándote: “ mama, ¿mola como me quedan tus jeans?”
A mi no me da tiempo ni de contestarle, mientras con una mirada intento captar el gesto de mi marido reviviendo una época ya muy lejana y diciéndome, me suenan esos pantalones…
Ahora ya ha llegado el momento de asimilar que a tu hija le sientan mejor que a ti tus jeans, pero probablemente es cuando más cerca hay que estar de esas jovencitas adolescentes que se comen el mundo y que las madres debemos orientar, dejándoles que se expresen y que experimenten en la vida, pero navegando entre las aguas de la amistad y de la maternidad.
¡¡¡ Que tarea tan difícil y tan gratificante a la vez!!!
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