Me preguntaron hace unos días si practicaba algún deporte de riesgo. "Sí, soy tío", respondí. Quienes me escucharon en ese momento se rieron, así que me levanté el pantalón hasta la rodilla derecha y en medio de la espinilla pude exhibir un moratón del tamaño casi de un CD: "¡Caramba…! ¿Eso te lo ha hecho algún sobrino?". "Sí, el mayor.", respondí. Me preguntaron por la edad del muchacho, y dije que se trataba de un preadolescente. "Y qué tiene, unos 12 o 14 años, entonces…", me interrogaron. "Bueno, tiene tres y medio, pero no veas lo fuertote que está el chaval", contesté.
Ser tío sin hijos es un chollo para los sobrinos. Por ejemplo, si un sobrino tuyo de unos 14 o 16 años llega a su casa con más de una copa en el cuerpo, sus padres lo abroncarán de tal modo que se enterará toda la finca y parte del barrio. El muchacho replicará que "él no ha sido" (?) y que, de hecho, no quería beber, pero todos sus amigos lo hicieron y prácticamente "lo obligaron" a empinar el codo. Sus atónitos padres no le creerán, por supuesto, y lo castigarán rotunda y decididamente: durante 15 minutos no podrá usar el móvil. Pero si por ventura un sobrino tuyo de esa edad llega a casa un tanto piripi y les dice a sus padres que ha estado contigo paseando y de bares, entonces se te caerá el pelo y tendrás suerte si los padres del muchacho no te denuncian por incitar a un menor a la bebida… Un tío sin hijos es estupendo para un sobrino porque en caso de duda el culpable es él, el tío, y encima da la paga.
Y luego está lo de los regalos: un tío es la salvación de los fabricantes de cosas inútiles. Por ejemplo, esos libros con tapas duras nacaradas que los tíos regalan a sus sobrinos en el día de su Primera Comunión: "Recuerdo de mi Primera Comunión". Esa clase de libros fascinan a los sobrinos: primero, porque un libro es siempre algo exótico para alguien de 12 o 13 años. Después, porque casi todas las páginas están vacías (se supone que el niño debe escribir sus impresiones del día de la Primera Comunión, pegar fotos y recoger firmas de los invitados, etc.), así que un libro con las páginas en blanco "mola mazo" porque no hay que leerlo.
Aunque lo mejor son las notas del colegio: si son buenas, el tío le regala al sobrino un videojuego o un teléfono móvil. Si son malas, el tío sale en defensa del sobrino frente a los padres del nene, que estarán que trinan con los suspensos: "Seguro que se ha esforzado", dirá el tío, "lo que pasa es que hay profesores con muy mala leche…" El sobrino, al oír tan sabias razones, irá asintiendo.
En fin, dice un proverbio sioux que a aquellos hombres de cierta edad que no tienen hijos los dioses los castigan con sobrinos. No es cierto: los sobrinos son una bendición. Lo que pasa es que hay que acostumbrase a ellos.
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