Los días más felices de Lucía eran cuando venía su mejor amiga Ana. Ana era alta y muy bella. Tenía los ojos verdes, pelo marrón claro y pecas, y era tan atrevida como para decirle al propio rey que era feo. En cambio Lucía tenía los ojos marrón pero igual color de pelo y pecas. Las dos tenían 14 años y todas las envidiaban porque eran las más bellas y graciosas de nuestro pueblo en la época medieval
Un día estaban yendo a por fruta al pueblo cuando se encontraron a un caballero y Ana le dijo, “Mira que caballero tan bajo, ¿a qué no te atreves a decirle que los caballeros tienen que ser más altos? Pero Lucía le recordó la norma de respeto hacia los nobles. “Pues se lo diré yo, eso es lo divertido de salir de casa sin mayores, ¿no?
−Hola, ¿es usted señor Bajo Pantalón?
−Sí, soy yo−contestó
−Pues le pega el nombre porque además de bajo es feo, jajajaja− dijo Ana burlonamente.
Lucía le pidió que perdonara a su amiga Ana y el caballero le dijo que le pidiera disculpas a lo que Ana contestó: “No me disculparía ni delante del rey”
−Pues entonces ven delante del rey y me lo demuestras a ver si te atreves. Mañana a las 12 del mediodía.
Ana tenía un poco de miedo pero era muy orgullosa y no quería perder su reputación así que con voz temblorosa aceptó.
Lucía le dijo a Ana en tono de reproche:
−No deberías de haberle dicho eso, ahora estás en un lío. ¿Qué le vas a decir a tus padres?
−Lucía, ya me los has dicho, no hace falta que me lo repitas pero no le voy a pedir disculpas porque me dejarían en ridículo, ¿no crees?
−No te preocupes, eres mi mejor amiga, ¿no? Pues yo te acompañaré y me llevaré parte del castigo, OK? Y siento haberte ofendido pero tenía que decírtelo. Por cierto, que nombre más raro es ese de Bajo Pantalón…
Ana se lo contó todo a sus padres porque podría ser repipi y contestona pero no era una mentirosa. Pero al día siguiente, cuando llegó la hora de ir a Palacio, se puso enferma.
−Ana ya sé que estás malita y no quieres preocupar a tus padres diciéndolo o los enviarán a las mazmorras. Me haré pasar por ti. Además nos parecemos mucho solo los ojos son el problema pero no importa” −le propuso Lucía
Ana se lo agradeció entre tos y tos. Por suerte se parecían mucho.
Ya en el castillo, Lucía entró diciendo lo que Ana había pedido
−A ver, ¿dónde está el rey y el señor Bajo Pantalón?
−Aquí están, señoritinga−le respondió un guardia
Lucía, para ahorrarle trabajo a Ana dijo:
−Señor, le pido mis disculpas ante el rey y ante los caballeros. Es usted muy bueno de no haberme castigado. Me gustaría que esto acabe cuanto antes así que por favor déjeme ir, no quiero preocupar más a mis padres.
−¿Cómo te llamas?
−Me llamo Lu… digo Ana, señor, sí señor.
−Bueno Ana, yo te perdono pero no digas eso de uno de mis caballeros nunca más, ¿vale?
El rey le dijo al caballero que era una niña muy educada y que no entendía por qué decía que se trataba de una insolente adolescente. El caballero le respondió que la niña educada era la otra, Lucía. A lo que el rey dijo
−Celebro que te hayas vuelto tan educada Ana. Puedes retirarte.
Cuando Lucía llegó a casa todos estaban ansiosos de saber qué había pasado y Lucía se lo contó. Todos pensaron que había sido una heroína y la vitorearon con palmadas en la espalda y palabras cariñosas y gritos.
Y así acaba nuestra historia en la época medieval. Espero que os haya gustado
Escrita por Patricia de la Morena de 11 años e ilustrada por su hermano Felipe de 8 años
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