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Niños sanos, sociables y felices gracias al deporte


Frente al sedentarismo de la sociedad actual, la práctica deportiva desde la infancia ayuda en el desarrollo de los niños y los beneficios son tanto de salud como sociales.

El actual modo de vida hace que los niños y jóvenes tiendan cada vez más hacia actividades sedentarias, algo a lo que no ayudan los hábitos sociales del siglo XXI, -nos desplazamos en coche, vivimos en casas reducidas, ya no se juega en la calle y el ordenador y las videoconsolas acaparan el tiempo libre-. Ante esta situación cada vez es más importante fomentar la educación física y el deporte escolar desde la primera infancia como medio para conseguir que los niños crezcan en las mejores condiciones físicas, psíquicas y sociales.

Fútbol, baloncesto, natación, tenis, hípica, vela, voley... cualquier deporte es bueno, pero no para ganar medallas, sino para preparar a las futuras generaciones y enseñarles a relacionarse, a saber ganar y a saber perder, a compartir y a superarse.

Si en algo hay unanimidad entre los expertos es en que practicar ejercicio físico durante la infancia beneficia no sólo las habilidades motoras y cognitivas del niño, sino también su entorno personal. Entre competiciones, entrenamientos y juegos aprende a integrarse y obtiene bienestar físico y psicológico, algo especialmente importante a partir de la pubertad.

Antes de los 10 años los niños deben estar alejados de la presión de la competición y su actividad física puede limitarse a ejercicios para aprender coordinación y destreza donde, sobre todo, prime la diversión. Es entre los 10 y los 13 años cuando se puede conseguir una actitud positiva con respecto a la participación en el deporte que dure el resto de la vida. A esta edad se aceptan fácilmente los retos físicos, se aprenden las destrezas físicas necesarias y se pueden desarrollar gradualmente la capacidad para hacer frente a las exigencias psicológicas de los juegos competitivos.

Pero conseguir que los niños adquieran un compromiso de por vida con la práctica deportiva no es tarea fácil, sino un reto importante de los adultos y de los padres en particular. No hay que olvidar que, al margen de los beneficios físicos, el tiempo que se dedica a hacer ejercicio es un momento de comunicación y de intercambio con otros niños, permite cubrir el tiempo de ocio de una manera divertida que favorece la salud, previene el consumo de drogas y alcohol, facilita una educación integral, mejora la convivencia en la escuela y en la calle y fomenta valores como el esfuerzo personal, la convivencia y el trabajo en equipo.

Durante la infancia el deporte y la educación no pueden ir por separado, se debe potenciar un deporte participativo, recreativo, donde los niños se sientan valiosos y competentes. No hay que olvidar que el deporte en edad escolar es el que más porcentaje de participación tiene y si se consigue integrar a todos los niños, independientemente de su mayor o menor habilidad y aptitud física, se conseguirá que el desarrollo hacia la vida adulta germine en hábitos saludables que acompañarán al niño durante toda su vida adulta.

Si el ejercicio físico y el deporte en general afectan positivamente en el afianzamiento de la personalidad de los menores, en el caso de los deportes de equipo, además se fomenta la amistad, el compañerismo y la convivencia. Los entrenamientos y los partidos ayudan a establecer unos lazos de conexión que se trasladan a la escuela, al estudio y a los fines de semana. En este tipo de actividades se deben sumar esfuerzos y los niños aprenden a ser generosos en el juego, a pasar un balón cuando el compañero está mejor posicionado, se acostumbran a ceder la titularidad en los partidos a otros menores que pueden ser técnicamente peores y aprenden, sin darse cuenta, a ser generosos.

Entre los valores que los expertos afirman que se adquieren con la práctica constante de un deporte destaca el compromiso, la responsabilidad y el esfuerzo. Cuando un niño inicia una actividad deportiva dentro de un equipo realiza una apuesta personal que no solo le implica a él, sino también al resto del equipo. Así, tienen que comprometerse a no fallar a los entrenamientos, a ir a los partidos o ayudar a sus compañeros. Pero además, les ayuda a aprender lo que es el orden, el respeto y la obediencia. Cualquier actividad deportiva viene marcadas por unas reglas que han de ser obedecidas sin ser discutidas y que son las mismas para todos. Se tienen que aceptar las decisiones de los árbitros y entrenadores, el resultado del juego y a ser tolerante con los contrincantes y con los compañeros de equipo, algo que sin duda alguna puede ser luego aplicado en la vida diaria.

El papel de los padres marca la diferencia

Los adultos determinan en gran medida el ambiente en que los niños aprenden a practicar deporte y en ese sentido las expectativas de los padres tienen un efecto importante en los niños. La actitud que tengan ante la victoria, puede hacer pensar al niño que es lo único importante y sentirá la presión de tener que ganar a toda costa y que se puede sentir frustrado o que no ha cumplido las expectativas si pierde. Por ello, mas que enfatizar sobre el ganar, se debe valorar la constancia, el esfuerzo, el tiempo de entrenamiento, si el rival ha sido superior y el progreso del niño.

Por otra parte, muchas veces cuando los niños llegan del colegio con malas notas los padres deciden eliminar el deporte de las actividades extraescolares. El niño castigado pierde así la oportunidad de realizar la práctica deportiva que constituye un pilar en su formación física, psicológica y social. En este sentido, es importante que los padres asuman que el deporte no es solo una diversión para el niño, sino que conforma una parte fundamental de su educación y de su desarrollo.

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