Lo primero que tenemos que hacer como padres es no magnificar la victoria y la derrota. Cuando nuestros hijos ganan no son buenísimos y cuando pierden no son los peores del mundo. Siempre en la victoria y en la derrota tenemos que centrarnos en la ejecución, en cómo lo han realizado, en si han jugado bien o no tan bien.
Ej:
"Habéis perdido pero ¿te has dado cuenta de lo bien que habéis jugado?"
También nos podemos centrar en su evolución como jugadores reforzando aquellos aspectos positivos de su aprendizaje y de su desarrollo como deportista.
Ej.
"Sé que hace dos partidos que no ganáis pero cada vez lo hacéis mejor, se os nota más conjuntados"
Separemos también, y que ellos lo entiendan, el deporte profesional del deporte infantil. Hagamos que vean que en el deporte profesional el todo el ganar pero que a sus edades lo importante es aprender y que una parte de ese aprendizaje es la competición.
La verdad es que es un mal bastante común entre los participantes en el deporte escolar y no es tarea fácil enseñar a los niños que la derrota forma parte del juego.
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