Dormir un ratito después de comer es una buena costumbre, que reconforta a todos los niños. Además, les ayuda a recuperar energía y a disfrutar mas del día.
Todos los recién nacidos pasan la mayor parte del día durmiendo: comen cada dos horas y se duermen seguidamente, otras tantas.
Poco a poco, a medida que crecen y se espacian las tomas, disminuyen las horas de sueño diurno, siendo el periodo de sueño nocturno un poco más largo.
Aproximadamente alrededor de los tres años, no es necesaria la siesta reparadora, coincidiendo con una nueva etapa escolar.
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