La tendencia a hablar dormido (somniloquia) suele aparecer a altas horas de la madrugada, y a veces llega incluso a ir acompañada de gritos, lloros y risas.
Se da más frecuentemente en niños que en niñas y se especula con la posibilidad de que exista cierta influencia genética en este fenómeno, aunque no está demostrado.
Los niños que padecen somniloquia hablan de manera incoherente y rápida, aunque a veces las palabras llegan a ser perfectamente comprensibles para la persona que escucha. En raras ocasiones el niño puede mantener un diálogo. Lo más frecuente es que emita sonidos o voces que no llegan a ser palabras, como si el niño todavía no hubiese aprendido a articular correctamente los sonidos, aunque también pueden escucharse palabras sueltas.
Las palabras que el niño emite aparecerán de forma inconexa. El niño no está pensando de manera consciente, no puede organizar sus ideas, por lo que no les dá un significado y una intencionalidad a lo que está diciendo. Además, cuando el niño se despierte, no va a recordar nada de lo que ha pasado, como ocurre en los casos de sonambulismo y terrores nocturnos.
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