Padres o Nones.

La ballena verde

Daniela se levanta y va de puntillas hacia la ventana del camarote. La ha despertado una luz que se filtra por la cortinilla. También un “toc, toc” sobre el cristal. Sus padres duermen y la pequeña Valeria también, aunque se ha resfriado y ronca como un rinocerontito.

 

De nuevo suena el “toc toc” sobre el ventanuco y Daniela se atreve por fin a mirar hacia el mar. Cuando aparta la cortina no puede creer lo que está viendo. ¡La luz de la luna ilumina el lomo de una ballena!, de una ballena verde que la mira con ojos de pena y sonrisa de “sé mi amiga por favor”. Respira hondo y pega su nariz en el cristal del ojo de buey, esa ventana redondita que tienen los camarotes, como se llaman las habitaciones de los barcos. Y es que Daniela está viajando con sus padres y su hermana Valeria en un crucero rumbo a México. A ella le encantan los barcos porque le gusta el mar y todo lo que organizan a bordo para los niños.

 

— ¡Hola!

 

— ¿Hablas?... ¡¿Una ballena que habla?!

 

—Y soy verde, como la esperanza, como los seres que todavía creen en la magia, ¿habías hablado antes con una ballena verde?

 

A las dos les entra la risa. Una ballena verde que habla, ¡lo más normal del mundo! La ballena le cuenta que su mayor deseo es jugar con los niños pero que cuando alguno la ve, huye despavorido y Daniela le dice que mientras dure el crucero ella será su amiga.

 

Al día siguiente, desayunando en cubierta, Daniela le cuenta a Valeria el secreto de la ballena verde y le pide que no diga nada, pero Valeria solo tiene tres años…

 

— Mamá, mamá, Daniela me ha dicho que no te diga que ha visto una ballena verde.

 

— ¿Sí? Y yo un perro azul —ríe la madre de buena gana, para alivio de Daniela que pone su dedo índice sobre su boca para pedir a su hermana que cierre el pico.

 

Por la noche, tras un divertido día a bordo, la ballena verde vuelve a visitar a Daniela y juntas cuentan mil y una historias del mar y la tierra. Valeria se despierta y se asoma al ojo de buey con su hermana…pero está tan dormida que ni se asusta.

 

—Mamá, mamá, he visto a la ballena verde esta noche— asegura Valeria nada más levantarse.

 

— Las ballenas verdes no existen, cariño. Tomaste demasiado chocolate anoche y luego tienes sueños raros—sentencia su padre.

 

Pese a la conversación de los tres, Daniela sigue profundamente dormida y sólo la voz del capitán por el megáfono logra hacerla saltar de su cama, tan rápido tan rápido que un poco más ¡y se cae de la litera! El capitán está avisando a todos los pasajeros de la existencia de una peligrosa ballena verde que habían visto merodeando por los alrededores del barco. ¡Tiene que contarle al capitán que su amiga no es peligrosa!
Cuando llega la noche y la ballena se acerca a la ventana del camarote de Daniela, la niña sonríe y le pide que vaya junto a la barca naranja y ante todo que no se asuste y confíe en ella.

 

“¡HAY UNA BALLENA VERDE EN LA PISCINA!” Ese es el grito con el que despierta un nuevo día en la cubierta del barco mientras Daniela y Valeria, divertidas, entran en la piscina y se sientan en las aletas de su amiga. Los niños del crucero que van a darse el primer baño del día empiezan a perder el miedo y se acercan poco a poco para terminar saltando en su lomo, abrazados a su cola e incluso flotando por turnos sobre su surtidor. La noche anterior, la tripulación, siguiendo órdenes del capitán que había hablado con Daniela, la había alzado en la barca naranja y depositado en el tobogán gigante para que se deslizara hasta la piscina del barco.

 

La ballena verde nunca olvidará aquellos días en los que vio cumplido su sueño de jugar con los niños, y aunque tiene que quedarse en aquel océano lejano mientras el barco regresa a casa, se conforma con saber que siempre viajará a otros mares en el corazón de todos aquellos pequeños, y muy especialmente en el de sus amigas Valeria y sobre todo Daniela, valiente y dulce, y aunque todavía no lo supiera, un poco verde como ella.


Escrito por Mabriel e ilustrado por Violeta, de tres años

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