En el corazón de los Balcanes, y con influencias eslavas, latinas y otomanas, la capital de Serbia es para muchos una gran desconocida.
Su ubicación excepcional y una historia milenaria le otorgan un atractivo especial, y pese a la estela del conflicto bélico de los noventa pesando todavía sobre su imagen, este destino poco usual sorprenderá sin embargo por su vitalidad, su energía, la amabilidad de sus gentes y las diferentes opciones para disfrutar del tiempo de ocio.
Los trolebuses y tranvías la recorren de norte a sur y sus zonas verdes, todas ellas con sus respectivos parques infantiles, la cubren como un gran manto. Entre ellos cabe destacar el de Topčider, Avala o Košutnjak, este último lugar favorito para los pequeños deslizarse en invierno con sus trineos y que cuenta con un gran número de instalaciones deportivas, uno de los fuertes de la ciudad que tiene catalogadas en su totalidad más de un millar. No en vano, Belgrado ha sido sede de varios eventos deportivos internacionales y cuenta con reconocidos deportistas en diferentes disciplinas en todo el mundo.
Ada Ciganlija, paraíso del ocio
Ada Ciganlija, una especie de “central park” belgradiense, es un paraíso para disfrutar del tiempo de ocio dentro de la propia ciudad. Conocido popularmente como el “mar de Belgrado”, cuenta con 7 kilómetros de playa junto con las instalaciones deportivas donde se pueden practicar varios deportes como golf, fútbol, baloncesto, vóleibol, escalada, rugby, béisbol y tenis; también deportes extremos, como bungee, esquí acuático y paintballing. Todo ello sin olvidar los variados lugares donde practicar el ciclismo (el alquiler de bicicletas funciona 24 horas y es habitual ver a familias enteras recorriendo la isla en ellas), hacer jogging, patinar y dar largos paseos a la orilla de la playa de esta isla “urbana”.
Los fines de semana, además del chapuzón de rigor, es fácil ver a las familias haciendo un picnic o comiendo en los tradicionales restaurantes al aire libre; el ćevapi y pljescavica al grill (salchichas y hamburguesas típicas serbias), les encantarán a los más pequeños.
A cada paso, y entre puestos de helados y palomitas, columpios y otras instalaciones de ocio para niños se dan cita. Un lugar en el que el tiempo se detiene mientras nos relajamos en las hamacas y balancines a pie de agua de los numerosos chiringuitos.
Gran parte de la isla se puede recorrer en un trenecito, al igual que Zemun, a orillas del Danubio, o la verde fortaleza Kalemegdan.
Zemun, a orillas del Danubio
Un largo paseo arbolado a la orilla del río nos lleva hasta el corazón de Zemun, desde donde tendremos otra de las vistas más espectaculares del Danubio, con la isla Lido enfrente (en verano se puede cruzar y bañarse en sus playas) y un conjunto de edificios típicos heredados del imperio austro-húngaro.
Restaurantes y terrazas con sus cafés salen a nuestro paso, incluidos los “splav”, las típicas barcazas que durante el día nos invitan a tomar algo en ellas, meciéndonos al sol del Danubio, y que por la noche se convierten en animados pubs. Y es que Belgrado es conocida por tener una vibrante vida nocturna aunque en este viaje con niños sea difícil comprobarlo.
Castillos hinchables, tio-vivos, pistas de coches de choque y varias instalaciones de ocio jalonan todo el paseo para disfrute de los más pequeños, con puestos de globos, palomitas y helados en el que sin duda es el paseo familiar por excelencia. Hay cruceros que recorren el Danubio, y muchos de ellos con actuaciones en directo; algunos nos llevan desde Zemun a la isla de Ada Cingalija, los lugares favoritos de los belgradenses.
Las dos orillas del río Sava también están repletas de restaurantes, cafés e instalaciones de ocio para los más pequeños, una constante en toda la ciudad y en la que destaca además, y en pleno centro, el parque Tasmadjian. La afición por el ajedrez es patente en todos los parques donde reñidas partidas congregan a un montón de curiosos.
La fortaleza Kalemegdan
Los barrios y edificios históricos de Belgrado son otro de los atractivos de la ciudad. Es por ello que no hay que perderse el barrio bohemio de Skadarlja en cuyas terrazas podremos comer al acorde de la música serbia, la transitada calle de Terazije con sus tiendas, o la bulliciosa calle Kneza Mihailova, paseo peatonal en el que vale la pena detenerse, así como en sus calles adyacentes, y cuyos bellos edicificios, comercios, centros culturales, cafés y restaurantes lo convierten en el auténtico centro neurálgico de la capital serbia.
Al final del paseo, pasaremos por la antigua catedral y la primera taberna de la ciudad, la kafana “?” de estilo balcánico, y cruzaremos para visitar otro de los platos fuertes de la ciudad: la Fortaleza Kalemegdan. El castillo, como no podía ser de otra manera en Belgrado, es en sí un gran parque con una pequeña feria en sus alrededores (los barrios de Belgrado cuentan con muchas pequeñas ferias de atracciones) y con el curioso Zoo enclavado en los contrafuertes de la fortaleza.
Construida en el siglo XIV por el serbio Stefan Lacarević, luego sería reconstruida en el XVIII por los austriacos, dejando posteriormente su impronta los turcos cuando establecieron allí la avanzadilla en los Balcanes para controlar los movimientos de las tropas austríacas.
La ciudadela se divide en la Ciudad Alta y la Ciudad Baja, y las puertas Stambol y Sahat son las principales. En la parte alta destaca la Torre del Reloj y la fortaleza cuenta con un museo en el que se expone el desarrollo desde sus orígenes. Junto al Museo de la Fortaleza, el Kalemegdan alberga además entre sus murallas el Museo Militar y el Museo de Historia Natural.
Al final de la parte alta, dominando el lugar más bello de toda la ciudad, se alza sobre una columna neoclásica el Vencedor de Belgrado (Pobednik), un joven soldado que lleva un mensaje de paz y que se ha convertido en símbolo de la ciudad. Desde allí tendremos la mejor vista: la estampa única que nos regala la confluencia de los ríos Sava y Danubio.
El Palacio Real y la Casa de las Flores, hogar de la realeza y del mariscal Tito respectivamente, y dos realidades históricas de cuando Serbia era un reino y pasó a ser la capital comunista de la antigua Yugoslavia, son lugares que también vale la pena ver en esta ciudad con una activa vida cultural (teatro, ópera y todo tipo de conciertos) cuya visita nos adentrará en una realidad cercana a la par que bastante desconocida.
Por último, cabe destacar que la ciudad cuenta con diferentes tours turísticos para recorrer Belgrado por tierra, mar y aire y disfrutar con su peculiar naturaleza y enclave, para deleite de los sentidos.
¿Sabías que…?
1. Belgrado es la capital de Serbia y antes lo fue de la República de Yugoslavia, país que estaba formado por otros países hoy independientes y que son Croacia, Bosnia-Herzegovina, Eslovenia, Macedonia y Montenegro.
2. El Danubio cruza la ciudad. Es el segundo río más largo de Europa después del Volga. El río cruza Europa de oeste a este y en su curso incluye partes de Alemania, Austria, Eslovaquia, Hungría, Croacia, Serbia, Rumania, Bulgaria, Moldavia y Ucrania. La cuenca del Danubio se extiende además por la República Checa, Suiza, Eslovenia, Bosnia y Herzegovina y Montenegro. Mide 2.870 kilómetros de longitud.
3. El año pasado acogió el 53 Festival de Eurovisión en el que España participó con el popular “Baila el Chiki Chiki”, quedando vencedora de la edición Rusia.
4. Tiene cerca de dos millones de habitantes y es una de las ciudades más antigua de Europa. La moneda es el dinar (RSD) y es fácil cambiar euros.
5. Belgrado era una de las ciudades por las que pasaba el famoso tren “Orient Express” y hoy las aguas del Danubio acogen a su paso por la ciudad un gran número de cruceros fluviales.
6. Utilizan dos alfabetos, el latino y el cirílico y hablan en serbio, una lengua eslava, aunque prácticamente todo el mundo habla inglés.
7. La religión ortodoxa es la mayoritaria, muchos de sus monasterios son patrimonio de la Unesco y Belgrado cuenta además con la catedral San Sava que domina la ciudad con su brillante cúpula y se ha convertido en la iglesia ortodoxa más grande del mundo.
8. El Museo etnográfico nos acercará a la cultura de los Balcanes, para saber cómo vivían, vestían, hacían sus casas, su ropa y trabajaban el campo y la ganadería.
9. Desde Belgrado es fácil recorrer otros lugares de Serbia, país cuyo tamaño sería aproximadamente un poco mayor que Andalucía. Castillos, fortalezas, monasterios, parques naturales, estaciones de esquí, montañas, bosques, ríos, granjas, lagos, zonas de recreo y vestigios arquitectónicos del esplendor austrohúngaro saldrán a nuestro encuentro.
10. Más información en www.tob.co.yu , www.beograd.rs y www.serbia.travel
© 2012 padres o nones | Todos los derechos reservados | Diseño Web