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Oído con el oído

Detectar a tiempo los posibles problemas de oído de nuestros hijos nos hará ganar terreno para actuar con rapidez y eficacia

Niños inquietos, niños que no atienden en clase, niños que desconectan con facilidad, niños que no participan, niños que engrosan las estadísticas que hablan de fracaso escolar sin saber, que en muchas ocasiones, todo responde a un problema de audición no detectado a tiempo. Es por ello que, sobre todo ahora que empieza el curso escolar, es fundamental detectar los posibles problemas de oído de nuestros hijos. Si lo hacemos a tiempo, ganaremos terreno para actuar con rapidez y eficacia.

 

La audición es la función básica para la adquisición normal del lenguaje oral y es importante recordar que los niños comienzan a aprender el lenguaje mucho antes que a hablar. La percepción auditiva, que implica el cuidadoso desciframiento de los estímulos que llegan desde el oído hasta la corteza cerebral, es igualmente una función prioritaria para el desarrollo normal de la apropiación de la lectura y la escritura. De ahí la importancia del control audiométrico con la misma insistencia que el de agudeza visual.
 

 

Todos los estudios coinciden en que cuanto más temprana se produce la detección de los problemas auditivos en los niños, mayores son las posibilidades de revertir sus consecuencias. De este modo, cuanto más precoz es el examen, mejores resultados terapéuticos se consiguen y mayor posibilidad hay de que el niño adquiera una forma de comunicación.
 

La audición es la vía habitual para adquirir el lenguaje, y en el caso de los niños, es fundamental controlar que no se produce ninguna disminución de la percepción auditiva, para no interferir en el desarrollo intelectual y social del niño, ya que está directamente relacionado con las aferencias auditivas al sistema nervioso central.
 

Los problemas auditivos pueden ser temporales o permanentes, y la disminución de la audición en un niño se debe a múltiples causas. Entre ellas, no hay que olvidar enfermedades neurosensoriales en las que problemas genéticos, tóxicos, infecciones víricas o el sufrimiento fetal impide que el oído interno se desarrolle correctamente.

 

Otitis

 

En la infancia, la mayoría de los niños experimentan pérdidas de audición temporales debidas a la existencia de cerumen u otitis media, típica inflamación del oído que debe tratarse y suele ser dolorosa para el niño.

 

La otitis externa es la inflamación de la piel que recubre el conducto, antes de llegar al tímpano, y determina un importante dolor de oídos, y la salida de pus. Dicha infección acontece más en verano y está muy relacionada con en baño en las piscinas. Pueden ser bacterias u hongos los causantes y su tratamiento es tópico, mediante gotas de antibiótico instiladas en el conducto. Debe evitarse la entrada de agua en los mismos.
 

En cuanto a la otitis media, es aguda cuando la trompa de Eustaquio se obstruye a consecuencia de un catarro, se acumula moco en el oído medio que es incapaz de salir y se infecta por bacterias (pus), lo que puede producir fiebre, dolor, y, a veces, determina la ruptura del tímpano con salida de pus y su tratamiento suele ser a base de antibióticos.
 

Por lo que respecta la otitis media serosa, no es una infección sino tan solo el acumulo de moco claro (con o sin catarro) en el oído medio. No produce dolor ni fiebre aunque puede ocasionar algo de sordera, zumbidos o sensación de presión en el oído. La trompa de Eustaquio (que se va agrandando con la edad) es todavía muy estrecha y dificulta la salida del moco. Si favorece las infecciones de oído (otitis medias agudas recurrentes) o causa sordera permanente pueden ser necesarios drenajes en el tímpano (el otorrino coloca un tubo de drenaje para que salga el moco acumulado y no se infecte o cause sordera).
 

Hipoacusia

 

En cuanto a la hipoacusia o disminución de la percepción auditiva, se trata de un problema de especial importancia durante la infancia y según su momento de instauración hablamos de hipoacusias prelinguales (la lesión se produce entre los 0 a 2 años, antes de la adquisión del lenguaje), perilinguales (durante la etapa de aprendizaje del lenguaje,de 3 a 5 años), y postlinguales (tras la estructuración del mismo, 6 o más años). Pueden ser además, según su intesidad, leves, moderadas, severas y profundas.

 

El momento de aparición de la hipoacusia y su detección es fundamental desde el punto de vista pronóstico. Sin embargo, esta detección precoz cuenta con la dificultad de que el déficit auditivo puede pasar desapercibido en el niño, sobre todo en el primer año de vida, en el que sólo se aprecia una falta de respuesta a estímulos sonoros, circunstancia no siempre fácil de objetivar.
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Oído si tu hijo…

-no se sobresalta ni despierta con sonidos altos
-no localiza sonidos cercanos (girar la cabeza hacia un ruido) ni responde a los realizados de otra habitación
-no progresa en su capacidad de hablar o no se adecua a su edad
-no imita sonidos libremente
-manifiesta una comprensión retardada o inapropiada del lenguaje
-se aisla, como si soñara despierto o apartado de la vida social
-sufre de infecciones de oído con frecuencia

 1 comentarios

Comentarios:

  Dice ser "ana"  
sábado, 17 de diciembre de 2011, 18:40

q fino


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