Padres o Nones.

Marcita y Titi

Este relato se desarrolló en una isla preciosa situada en el Caribe, llamada Cuba. Eran los años 60, en un pueblito pequeño que se llamaba Guantánamo donde vivía una niña muy guapa y muy simpática. Se llamaba Marcia pero como era tan flaquita la llamaban Marcita.

 

Marcita vivía en un barrio donde había personas de todos los colores y razas. Algunas familias menos favorecidas, no tenían trabajo y tenían muy poco dinero para comer, y sus casitas eran pequeñas y estaban deterioradas.

 

A Marcita no le gustaba ninguna comida, no quería comer ni verduras, ni sopas, ni frutas y lo que no podía ni ver era la leche. Enfrente de su casa, vivía una familia de las que se habla en el cuento, el niño era mayor que ella pero se llevaba muy bien con Marcita y siempre estaba en su casa jugando con ella, al pobre le llamaban Titi porque decian que era muy feo.

 

Un día Marcita le dijo a su madre, “mami si Titi no tiene mucha comida porque no le preguntas a la mama de Titi que lo deje venir a comer conmigo que yo no tengo hermanitos para comer conmigo y me aburro mucho”

 

La mamá de la niña pensó que era una buena solución para intentar que Marcita comiera un poquito más, y para ayudar a la familia de Titi que no tenía para alimentar a todos sus hijos. Así que hablaron entre las mamas y se dieron cuenta de que era la solución perfecta para las dos.

 

A partir de ese día, los dos se sentaban juntos en la mesa a comer y hacían apuestas para ver quién terminaba primero, pero siempre ganaba Titi. Cuando la madre de Marcita la llamaba para comer, ella iba corriendo al porche a llamar a Titi ¡¡¡¡¡que buena idea!!!!, y cuando el niño venia se sentaban los dos en la mesa a ver quien terminaba primero.
 

Aun así había una cosa con la que no podía, la leche. Mientras Titi se tomaba su vaso de leche, a Marcita había que dársela con cuchara. Y así fueron pasando los años y Marcita fue creciendo pero no mucho y siempre estuvo muy delgadita, porque no comía mucho ni tomaba leche.

 

Moraleja: Los niños tienen que comer de todo lo que les da su madre, también leche, para crecer y estar fuertes.

 

Escrito por Fabiola Fermoselle Reyes e ilustrado por su nieta Aleksandra Ginevra Novovic Menéndez

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