Padres o Nones.

«Si quereis vivir en un jardín bonito, hay que empezar a plantar flores»

Cambió Barcelona por Bombay, un trabajo como periodista en un diario económico por salvar a miles de niños de la calle. Jaume Sanllorente es el fundador de “Sonrisas de Bombay” y autor del libro “El viaje que cambió mi destino”

 

—¿Qué es lo que según su experiencia de verdad importa?
—Es diferente para cada persona, pero creo que lo que realmente importa es ser coherentes y no hacer daño a los demás. Poder dormir cada noche tranquilo, con la conciencia limpia.

 

—Ha participado en varios encuentros con jóvenes, ¿Cómo reaccionan ante testimonios como el suyo?
—Es increíble, ves realmente la utilidad que tienen estas charlas y lo que aportan a los jóvenes. Siempre hay una respuesta magnifica, pero no porque aumenten los socios de la ONG, lo realmente bonito es ver que empiezan a tener iniciativas para ayudar a los demás. Una de las cosas que les digo es que no hace falta irse a Bombay para ayudar, con una cosa tan tonta como regalar una sonrisa en el ascensor, ya estamos dando algo importante. Estoy seguro que una sonrisa a un desconocido en la calle ha evitado suicidios, estoy convencidísimo

 

—¿No chocan estos mensajes con los que reciben al salir del congreso, en una sociedad que insta a divertirse y vivir sin esfuerzo ni preocupaciones?
—Por desgracia a los jóvenes les llegan mensajes negativos, como en temas de drogas, pero no subestimemos los inputs positivos, sobre todo cuando son jóvenes, que son como esponjas.

 

—¿Que te llevó a abandonarlo todo para trabajar por los pobres de Bombay?
—Por un input externo. Yo era periodista en una revista económica y me convencieron para ir a la India de vacaciones, aunque yo quería ir a Sudáfrica. Cuando llegue me impacto muchísimo la pobreza, no todo en la india es pobreza, pero a mi me impacto. El ultimo día me pareció indecente siendo periodista irme sin haber entrado en contacto con alguien que hiciera algo por cambiar aquello que a mi no me estaba gustando. Consulté en internet y dí con un orfanato con cuarenta niños que estaba en una mala situación económica, les visité y lo tuve claro. Volví a Barcelona, dejé mi trabajo, vendí mi piso y me planté allí con el dinero.

 

—¿No tuvo dudas a la hora de cambiar tan radicalmente su vida?
—Seguí mi intuición. Los seres humanos subestimamos mucho la intuición y el instinto y es una lástima, porque si existe por algo será. No tuve dudas porque era una situación de emergencia, si no se hacía nada iban a cerrar y pensar era un lujo que no me estaba permitido.

 

—De eso ya hace cinco años,,,
—Y esos 40 niños se han convertido en 6.000 beneficiaros y tenemos a 340 personas indias trabajando.

 

—¿Teneis con voluntarios?
—No. Aceptamos visitas, pero no colaboradores. Yo trabajo para los pobres de Bombay, no para la gente de España que quiera hacer voluntariado, para eso hay otras entidades. Es verdad que en otros entornos se tiene que contar con gente de fuera porque no tienen a nadie como puede ser en la India rural donde tienen que traer médicos de fuera porque allí no tienen, pero Bombay es una gran ciudad y hay profesionales y también personas que hacen voluntariado. Además, preferimos trabajar con trabajadores remunerados, para tener continuidad en lugar de voluntarios que van cambiando cada seis meses.

 

—¿Qué proyectos llevais a cabo en Bombay?
—El orfanato es ya autosuficiente, ya que se financia con una escuela que tenemos . Además tenemos 120 guarderías repartidas por diferentes barrios de chabolas para evitar que los niños caigan en manos de mafias o en redes de prostitución, ya que hay que tener en cuenta que los niños de las chabolas si tienen suerte trabajan rebuscando en la basura, sino son caen en manos de las mafias que pueden incluso desfigurarlos para que saquen más dinero como medigos. La tercera opción es la prostitución.

 

—¿Sólo trabajais con niños?
—También ayudamos a sus familias y les alimentamos. No es fácil porque cada zona de chabolas tienen sus mafias y necesitamos jefes de área que conozca al líder de cada zona para evitar que nos queman la guardería. Tenemos también escuelas y proyectos relacionados con la lepra, que sigue estando muy estigmatizada. Es triste, porque la hoy en día la lepra se cura, pero en la India están mal vistos, no los afectados no salen a la calle para que no los vean, así que nosotros llevamos a los médicos a sus casas. Además, hemos conseguido que antiguos enfermos se formen como paramédicos, porque quien mejor que ellos puede entender a otro enfermo. En cada proyecto colaboramos con entidades locales.

 

—También acaba de inaugurar una agencia de noticias
—Se llama Mumbai Action, y permitirá informar de las miles de pequeñas ONG que nadie conoce. Aprovechamos la capacidad comunicativa que tenemos para servir de puente y actuar como altavoz, para que la gente sepa que hay entidades indias que hacen una labor muy importante que no tienen financiación y a las que pueden ayudar.

—Ha recibido numerosos reconocimientos, pero también amenazas de muerte,
—No ha sido fácil. Ha habido momentos muy duros. He tenido que ir con escolta, aunque ahora hay menos riesgo, porque creo que han visto que si me pasa algo otras gentes continuarán haciendo lo que yo hago. Además tengo 6.000 guardaespaldas.

 

—Cinco años después del primer impulso que te llevó a trabajar en Bombay ¿qué es lo que te mantiene allí?
—Realmente no lo se. Hace tres años hubiera dicho que la sonrisa de un niño, pero ahora no lo sé, hay algo que me empuja y hace girar la rueda.
 

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