A la mayoría de niños les encanta el agua, por eso las piscinas se han convertido en uno de los mejores y más divertidos gimnasios donde los pequeños podrán desarrollar coordinación y flexibilidad, ampliar la capacidad respiratoria, mejorar la circulación y fortalecer los músculos, con el menor riesgo de lesiones.
Cuando son pequeños la natación más que un deporte es una actividad recreativa, aunque no por eso deja de ser un buen ejercicio que les ayuda a tonificar los músculos, ya que el agua opone cierta resistencia al moverse dentro de la piscina y obliga a trabajar el sistema muscular.
Se trata de un deporte con poco riesgo de lesiones, excepto en algunos tipos de dolencias de espalda y los provocados por el uso excesivo de cloro en algunas piscinas. Por ello, a pesar de que la natación es buena para prácticamente todos los niños, debes consultar a un pediatra si tienen algún problema de salud.
Entre los beneficios de la natación durante la primera infancia, los expertos destacan que ayuda al desarrollo psicomotor, al equilibrio y a la coordinación motriz. Además, mejora la alineación de espalda y fortalece los músculos de esa zona del cuerpo, lo que ayuda a prevenir futuras lesiones.
La natación también es muy beneficiosa para los niños con exceso de kilos, ya que se trata de un ejercicio aeróbico y es una forma divertida y no agresiva de controlar el peso.
En su práctica se diferencia diferentes estilos. El más común es el crawl que es también es uno de los que trabaja más músculos. El estilo mariposa es una de los más vistosas, pero también el que entraña más dificultad y por tanto el que consume más energía cuando se practica. Al practicarlo hay que tener más cuidado, ya que puede provocar dolor de espalda.
El estilo braza es junto con el estilo crawl, uno de los estilos más populares y de los más fáciles. Es la forma de nadar que primero se aprende ya que es muy tranquilo y lento, pero aunque no lo parezca a primera vista, es el estilo cuya técnica cuesta más de dominar, porque requiere una excelente coordinación de movimientos. Por último el estilo espalda es el más recomendable para los niños que tienen lesiones.
En la mayoría de piscinas se trabaja con material especial para niños, de forma que las clases son muy completas y amenas.
¿Qué pasa si tienen miedo al agua?
Algunos niños tienen miedo al agua. Para ayudarles a afrontarlo se puede recurrir a juegos pero nunca forzarle o hacer que afronte el pánico tirándolo directamente al agua, ya que solo se conseguirá el efecto contrario, es decir que le tenga más miedo.
Es importante que los niños se sientan seguros, así que es bueno que haya algún adulto junto a él mientras juega y se habitúa al contacto con el agua, tranquilizándole si se pone nervioso o se angustia.
Bebés: ¡al agua patos!
Las actividades acuáticas son una de las mejores opciones para los más pequeños ya que el agua es un medio en el que se les puede estimular y mejorar su psicomotricidad.
Los expertos recomiendan no empezar las clases antes de los cuatro meses, aunque es el pediatra quien debe decidir en qué momento un bebé está preparado para empezar a hacer ejercicios en el agua.
A esas edades los padres entran en el agua con sus hijos y realizan los ejercicios que les va indicando y supervisando un monitor.
Los padres deben sentirse tranquilos, disfrutar del momento y trasmitir seguridad al bebé a través de la mirada, los gestos y la voz.
Entre los múltiples beneficios de la natación en bebés destaca:
-Estimula las conexiones nerviosas del cerebro
-Aumenta las reservas inmunológicas
-Estimula la alimentación y el sueño
-Favorece el equilibro
-Ayuda al control postural
-Establece un fuerte vínculo entre padres e hijos
-Les enseña a ser prudentes ya que conocen sus propias limitaciones.
Todo ello sin olvidar que aprender a nadar es la mejor forma de evitar riesgos en verano si se tiene una piscina.
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