Callejear por Albarracín es como transportarte en el tiempo. Calles de trazado medieval, aleros que se tocan, madera, forja y yeso rojizo; el castillo y sus murallas, el paseo fluvial, el museo de los Juguetes… Todo esto y más en una ciudad cuyo principal monumento es la ciudad en sí misma
Ya lo decía Azorín: “Visite una de las ciudades más bonitas de España, visite Albarracín” Perderse por el trazado medieval de sus calles con escalinatas y pasadizos; en el conjunto de su caserío de muros irregulares de color rojizo; entre el entramado de madera y los aleros que se tocan… Estos son algunos de los muchos encantos que atraen al viajero nada más poner un pie en Albarracín, una ciudad con picaportes de hierro y dragones, diminutas ventanas con visillos de encaje, balcones corridos en rica forja y de madera tallada, casas colgantes que juegan entre sí…Y es que el principal monumento de Albarracín es la ciudad en sí misma, y el mayor encanto callejear por todos sus rincones.
A tan solo 35 kilómetros de Teruel, para conocer mejor la ciudad, Monumento Nacional y Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes, vale la pena partir de la plaza Mayor, donde se ubica el Ayuntamiento del siglo XIV, y seguir las distintas rutas. Se recomienda llevar calzado cómodo pues todas las calles están empedradas.
Subida a las murallas y paseo fluvial
La Iglesia de Santa María, la Catedral, el Palacio Episcopal, algunas mansiones señoriales, entre las que destaca la de los Monterde, y una peculiar arquitectura popular como la casa de la Julianeta, la casa de la calle Azagra y la plaza de la Comunidad dan ese aire medieval a la ciudad que seguro recordará a tus hijos a las películas de época o a la televisiva “Aguila roja”.
El cinto de murallas preside el paisaje junto a los tres castillos, el principal, el del Andador, y el de Doña Blanca. Dependiendo de la edad de tus hijos, por el camino puedes contarles la leyenda sobre doña Blanca y la torre del siglo XIII que fue su última morada cuando huyó de Aragón temerosa de los celos de su cuñada la reina. Dicen que murió de allí encerrada y de tristeza, y que su apenada alma baja a bañarse al Guadalaviar las noches de luna llena.
Otra propuesta para recorrer la ciudad es a través de un paseo fluvial junto al río Guadalaviar a través de una senda por el meandro que forma el río. El puente colgante, el puente de los Carneros, cueva de los Judíos, el molino del Rey y visitas del río y de los principales monumentos saldrán a nuestro paso.
Albarracín es además puerta de entrada y cabeza de la Serranía que lleva su mismo nombre y nos muestra una gran diversidad de ecosistemas. Fuentes, manantiales, lagunas y nacimientos de ríos como el Tajo, el Cabriel, el Guadalaviar y otros que forman remansos, pozas y cascadas, junto con las muelas, los sabinares y los densos pinares te cautivarán. El Pinar del Rodeno y el arte rupestre, el alto Tajo, el río Cabriel, el puerto de Orihuela y el castillo de Peracense son las cinco rutas propuestas.
Museo de los Juguetes
En una sencilla casa del Arrabal de Albarracín, se halla el tesoro más preciado para los pequeños: el Museo de los Juguetes. Propiedad de la Fundación Eustaquio Castellanos, el museo invita además a los mayores a regresar a su niñez durante un rato.
Una muñeca de principios del siglo XX sentada en un coche a pedales de 1880 así como otros juguetes antiguos nos dan la bienvenida al museo junto a una sala dedicada a los juguetes de los años 1960-1970 con las muñecas Famosa, los Geyperman, el Excalestric, el Cine Exin, los Educa y otros juguetes de la época.
En la segunda planta, muebles y útiles de hogar, muñecas, pupitres, mapas, vajillas de porcelana, juguetes de hojalata, casitas de muñecas… Finalmente, en la tercera sala de techos de madera y suelo de yeso, se muestran coches, trenes, motos, juegos de construcción, cines, barcos, teatros, figuritas de plomo, recortables, caballos de cartón y más piezas dispuestas entre el granero y el desván. Un viaje en el tiempo a través del juguete.
No te pierdas el Molino del Gato, uno de los más antiguos molinos de Albarracín que ha sido restaurado y se muestra ahora como café-galería, pudiendo contemplarse la antigua maquinaria de este molino del siglo XVI así como las aguas del Guadalaviar que pasan todavía por sus aspas. El Museo de la Forja es otras de las citas en esta ciudad para descubrir el arte del herrero tan presente en su arquitectura.
Para más información, www.albarracin.org
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