Por MARÍA TORRES
Me llamo María y tengo 14 años. Desde hace varios días llevo dándole vueltas a las formas posibles de escribir sobre mis hermanos y he llegado a la conclusión de que es muy difícil describir con palabras el vínculo que existe entre dos hermanos, pero lo voy a intentar.
Muchas veces me he llegado a preguntar ¿y si fuera hija única? Pues la verdad es que sería increíblemente distinto… una habitación para mi SOLA, un ordenador para mi SOLA, una televisión para mí SOLA. Seguro que viajaríamos más, no tendría que compartir ni mi ropa ni cualquier otra cosa con los demás y mis padres centrarían toda su atención en mí.
Si, todo eso es verdad, pero si no tuviera hermanos tampoco podría disfrutar de compartir con ellos, ni podría ejercitar mi paciencia, ni aprendería a sacrificarme por los demás. Ser hija única tiene grandes comodidades externas, pero tener hermanos ayuda mucho a crecer interiormente…
…Después de leer este párrafo podríais pensar: “la relación entre hermanos es preciosa, maravillosa, perfecta…“ Pués si, la verdad es esa, pero eso no quita que nos peleemos, al menos una vez al día, o que tengamos que estar disculpándonos continuamente. (Padres, un consejo: no intentéis evitar que vuestros hijos se peleen, porque tras cada pelea se aprenda, y después de cada pelea vienen las lágrimas, un beso, un abrazo y un perdón).
Tener a mis hermanos cerca es una parte de mi vida y cada vez que se van de viaje, tras el primer día, ya los echo muchísimo de menos.
Mis hermanos son un regalo inmenso que me han hecho mis padres, pero sobre todo mis hermanos son alguien que, pase lo que pase, estarán conmigo.
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