Padres o Nones.

Los juegos de calle de nuestra infancia

Crecimos haciendo de las aceras improvisados parques de recreo

Crecimos en la calle, sin maquinita a la vista porque no existían y con la consigna de volver a casa antes de que anocheciera. Porque cada tarde, con el bocata de la merienda en la mano y nada más salir de clase, las aceras se convertían en improvisados parques de recreo.


Con algo tan simple como un tapón de botella nos entregábamos a la apasionante carrera de chapas cuyo circuito crecía y crecía hasta dar la vuelta a la manzana. Eso sí, las chapas no eran cualquier cosa, estaban las especiales y algunas incluso se “customizaban”.


Las famosas tabas, procedentes del hueso del carnero que se comercializaban en su copia en plástico, el piedra papel o tijera, o el pares o nones mostraban la audacia de sus competidores. Y qué decir de las canicas y de las palabras mágicas “pie”, “tute” y “gua”; de aquellas bolsas enormes de canicas de todos los colores, formas y condiciones que nos hacían sentir dueños del mejor de los tesoros.
 

Tirados en el suelo, ¡nos encantaba!, también jugábamos a ganar cromos haciéndolos saltar, y si no, siempre quedaba la opción de cambiar los “repes”. Desde los jugadores de fútbol a los personajes más carismáticos de los dibujos de la televisión, como inicio pionero del “merchandansing”. Y siempre a la moda. Cuando tocaba peonza, todo el mundo a girarla, y cuando le llegó al turno al yo-yó, a ver quién daba más con todas las piruetas habidas y por haber, por no hablar de la pericia con la cintura dándole al Hula-hop. En cuanto a los juegos de palmas, todavía es un misterio la letra del “Maisefoyuti”
 

Más de uno se destrozó la espalda saltando sobre otro con el “Churro va” (media manga, mangotero o manga entera…); también emulando construir humanamente la torre de la popular serie de “Con ocho basta”. Y las aceras y parques se convirtieron en circuitos improvisados para los patines ,monopatines y bicicletas. Un clásico.


Saltar a la cuerda daba mucho juego, bien en solitario o como mínimo a tres, muchas veces acompañada de canciones. La goma también, a quintas, a sextas…y así desde el tobillo al cuello bien tensa para ir estirándonos hasta el cielo. Y el entrañable sambori o rayuela, con el tejo hasta el ocho e incluso a diez, y a pata coja.
 

En cuanto a la pelota además del clásico fútbol improvisado en la propia acera, o del balón-tiro, no podía faltar el juego de pelota contra la pared de turno, como ocurría con el de los días de la semana, “lunes, martes, miércoles…”cada vez más difícil y con el que competíamos todos los críos.


Los juegos de corros, desde la patata hasta la gallinita ciega, y de equilibrio desde uno, dos y tres pollito inglés a tocado o congelado. Y por supuesto ¡a correr! Nos pasábamos el día corriendo de aquí para allá. Que si a pillar, al escondite, a levanto a malla, la tula, el pañuelo, las cuatro esquinas, policías y ladrones, la cadena o el látigo… Como los videojuegos de ahora pero siendo nosotros los protagonistas de la película. Era lo que había pero… ¡qué bien lo pasábamos!

 

Comparte con tus hijos...


-Rescata tus viejos álbumes de cromos, o id juntos a las ferias donde podáis encontrarlos. Seguro que le encantan.
 

-Enséñale tu juego favorito, las reglas, y jugad juntos. También podéis hacer una competición padres-hijos aprovechando un día en el que salgáis con vuestros amigos y sus pequeños.
 

-Recorre la calle en la que creciste, el parque, el patio de tu colegio… Cuéntale sobre los comercios que había, tu rincón favorito para tus juegos. Disfruta de esta “vuelta” a la infancia.
 

-Rescata la cuerda, rayuela, canicas, pelota… ¡y a jugar! 

 

-Recuerda que jugar juntos mejora la comunicación intrafamiliar y este tipo de juegos en la calle fomenta las habilidades cognitivas, psicomotrices y sociales.
 

-Comprobar que tú también fuiste niño os acercará más.

 

 1 comentarios
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Comentarios:

  Dice ser "Leta"  
sábado, 15 de mayo de 2010, 16:09

¡Qué tiempos! La verdad es que volver a la niñez siempre es grato y compartir estos recuerdos con tus hijos te regala un buen momento junto a ellos, eso sí, empiezan pregunta que te pregunta ¡y no paran!


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