Padres o Nones.

Hijos únicos: Con uno basta

No tienen hermanos con los que jugar, pero tampoco tienen que compartir juguetes, ropa, ni el cariño de sus padres. Se suele decir están mimados y sobreprotegidos, pero no son más que tópicos, ya que todo depende de la educación que reciben

Artículos asesorado por Mar Sánchez Marchori, pedagoga y directora de MSM Pedagogía Creativa


El 20 por ciento de los hogares españoles está formado por un solo hijo. Lejos del “baby boom” de hace unas décadas, donde eran habituales familias con cuatro, cinco, seis o incluso más hijos, en la actualidad la opción de muchos padres es plantarse en el primero. Por eso, hoy es más habitual encontrar hijos únicos que familias numerosas.

 

Los motivos que llevan a una familia a tener un solo hijo son muchos y muy variados. Desde el retraso en la edad de la maternidad hasta la dificultad de compaginar familia y trabajo, pasando por planteamientos económicos o simplemente por el hecho de que muchos padres ven colmado su instinto de paternidad y maternidad con un solo hijo, al que desean rodear de todas las comodidades y educación que en muchos casos ellos no tuvieron. Muchas parejas se plantean dar un hermanito a su primer hijo, pero esperan que crezca un poco y después no ven el momento de volver a la “intensa” etapa de los pañales y biberones.


Sea cual sea el motivo, estar “solo en casa” puede conllevar tantas ventajas e inconvenientes. Crecer sin hermanos, como cualquier otra circunstancia de la vida, afecta a la educación y desarrollo de un niño y es labor de los padres compensar las posibles carencias y potenciar los aspectos positivos.

 

Acostumbrados a recibir toda la atención de su entorno familiar y sin necesidad de heredar o compartir sus cosas, los hijos únicos están menos acostumbrados a ceder, a esperar turno, a saber perder o a no ser el centro. Esto puede hacer que tengan algún problema a la hora de relacionarse con otros niños en el colegio o la guardería, donde ya no son el centro sino “uno más”, dificultades que le pueden acompañar en su vida adulta.

 

Pero basta que los padres eviten mimarlo en exceso y no estén a todas horas pendientes de él, sino que potencien que se relacione con otros niños o primos, llevándolo a una guardería o al parque, donde les dejen jugar con otros niños sin la mediación de un adulto ante el primer conflicto.

De esta forma se compensa la relación entre hermanos que suele ser un buen aprendizaje de la vida, ya que aprenden a relacionarse, a compartir, a tener discusiones propias de la edad, a pedir perdón, a ser comprensivos y pacientes y a no tener siempre la razón, para lo cual tienen que desarrollar habilidades sociales que le serán de gran utilidad en el futuro.

 

Además, el principal riesgo de los padres con un hijo único es la sobreprotección, rodeándolo de excesivos cuidados y estando demasiado encima de él para que no le ocurra nada malo. De esta forma se limita su autonomía e independencia. Los padres no deben olvidar que un niño para desarrollarse adecuadamente debe correr sus propios “riesgos” y tomar sus decisiones, acostumbrarse a equivocarse y aprender de sus errores. De otra forma, pueden volverse inseguros, tímidos y con dificultades de integración.

 

Asimismo, un exceso de atención puede resultar agobiante para un niño y es habitual que pueda sentirse demasiado presionado para no decepcionar a sus padres, y no estar a la altura de lo que se espera de ellos.

 

Pero no todo son inconvenientes. Ser hijo único también reporta grandes ventajas, como sentirse querido y valorado y disfrutar en exclusividad del afecto incondicional de sus padres, lo que les hace crecer con sana autoestima y seguridad en sí mismos.

 

Hay estudios que determinan que los hijos únicos son más maduros y tienen mayor nivel cognitivo al haber recibido más estímulos. De la misma forma, al estar rodeados de personas adultas mejoran su desarrollo lingüístico y suelen ser más creativos, al haber tenido que desarrollar más esta cualidad para tener que entretenerse solos.

 

Por último, no hay que olvidar que el “síndrome” del hijo único, no es exclusivo de los niños que crecen sin hermanos, sino que también se vive en las casas en las que hay mucha edad entre un hermano y otro, ya que suele pasar que cada uno sea educado en realidad como “hijo único”.


Cómo educar a un hijo único

 

-Evitar sobreprotegerlo y controlarlo todo el día

 

-Potenciar que se relacione con otros niños, en la guardería, en el parque o con amigos.

 

-No presionarles ni volcar sobre ellos excesivas expectativas, pensar que al hablarle como un adulto pensará y reaccionará como tal

 

-Aceptar y respetar sus defectos igual que sus cualidades.

 

-Jugar con ellos, ya que el juego es el mejor modo de socialización, através del cual aprenden las reglas sociales como saber ganar y perder, esperar turno…

 

-Buscar formas de entretenimiento y no abusar de la televisión y el ordenador

 

-No olvidar que el sentido común ayuda a educar, déjese guiar por él y seguro que acierta.

 


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