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Cómo educar a un hijo con necesidades especiales


Educar a un hijo con discapacidad o que sufre una enfermedad es un reto para los padres, que deben darle herramientas y valores para ayudarles a superar sus problemas y ser autónomos

Cuando los padres hacen frente a la enfermedad o discapacidad de un hijo se enfrentan a una nueva situación que no siempre es fácil de afrontar y que afecta a toda la familia.  

Preocupación, inseguridad, necesidad de protegerlo y minimizar sus dificultades o problemas... Estos son algunos de los sentimientos que suelen teñir la educación de hijos que necesitan una atención diferente

En general, se lucha para evitar cualquier sufrimiento, o al menos evitarlo en la medida de sus posibilidades. Además, a muchos padres les cuesta aceptar que su hijo no cumpla con sus previas expectativas, se frustran y no son capaces de hacer frente a la situación previendo un futuro en exceso pesimista.

Sin embargo, es muy importante que sean capaces de ofrecerles las herramientas y habilidades que les ayuden a acomodar la situación, sacar lo mejor de ellos mismos, potenciando sus destrezas y enseñándoles a aceptar lo que no es posible cambiar.

También es un soporte fundamental establecer normas y rutinas que propicien asumir responsabilidades, ser estrictos a la vez que comprensivos y cariñosos.

CÓMO AFRONTAR LA SITUACIÓN

Cuando unos padres se enfrentan al hecho de que su hijo tiene una discapacidad o sufre una enfermedad grave suelen pasar por diferentes fases.

La primera de ellas es la conmoción, al ser conscientes que su hijo no será en algunos aspectos como los demás.

Además, la familia pasa un periodo de duelo, es decir necesita tiempo para aceptar emocionalmente la situación.

En ocasiones se pasa por fases de negación, tristeza, impotencia y miedo al no saber hacer frente a la situación, para finalmente aceptarlo y reorganizar sus vidas.

Cada persona vive de diferente manera cada una de estas etapas que pueden tener distinta duración y no hay que olvidar que la ayuda de la familia extensa (abuelos, tíos, primos…) es de gran importancia como soporte emocional.

La llegada de un hijo que tiene una discapacidad puede producir conflictos en su familia. En muchos casos uno de los padres puede no aceptar la situación, o por el contrario centrar su atención en el pequeño y desatender a la pareja o a los otros hijos.

También afecta a la vida social de los padres, que tienen menos tiempo para compartir con amigos. Además, supone un esfuerzo económico y físico, lo que puede favorecer estados de desesperanza y estrés.

Poco a poco, y con la ayuda especializada que incluye contactar con asociaciones específicas, los padres van ordenando su entorno. Como cualquier otro niño, estos menores necesitan sentirse queridos y seguros, así como ser tratados atendiendo a sus dificultades y habilidades.

Por ello, hay que evitar educarle en una burbuja. Las sobreprotección es uno de los mayores riesgos. Si el niño no tiene que esforzarse no aprenderá ni sabrá enfrentarse a los problemas cotidianos.

En el caso de los niños con alguna discapacidad, al motivarles para que se esfuercen, se conseguirá que realicen muchas más actividades y sean cada vez más autónomos; mientras que si se trata de una enfermedad, se facilitará su incorporación a la vida ordinaria cuando ya esté curado.

A veces no es fácil para un padre ver que a su hijo le cuesta mucho realizar acciones que son normales en otros niños de su edad, pero hay que ser conscientes de que exigirles que las hagan es lo mejor para ellos.

De la misma forma, hay que evitar expresiones como “pobrecito” o “que pena”, ya que aumentará su sensación de ser “diferente” además de otorgarle una connotación de víctima que no permite el crecimiento positivo.

RELACIONES FAMILIARES

En muchos casos, los otros hermanos muestras celos por el tiempo que sus padres dedican al hermano que en ese momento más lo necesita. Pero, en general, es una oportunidad de educar en la paciencia y la generosidad.

Es importante que la atención y cuidados se repartan entre todos para evitar sobrecargar a un miembro de la familia, compartir los sentimientos, hablar y llevar una vida lo más normal posible. De este modo, se mejora la convivencia en la familia y entre sus diferentes miembros se establecen lazos que facilitan un entorno feliz.

Es fundamental también que, en casos de que la enfermedad o discapacidad haga al pequeño ser muy dependiente, que cada miembro de la familia disfrute de tiempos de descanso y ocio fuera del hogar, para evitar el excesivo estrés y agotamiento.

En caso de necesidad, es mejor pedir ayuda y no sentirse culpable por no saber resolver las situaciones que se plantean. Un especialista puede facilitar planes de acción que sean útiles a los padres. También recurrir a la experiencia de otras familias que se encuentran o han pasado por la misma situación.

RECUERDA

-No buscar culpables.
-No sobreproteger al niño
-Informarse con los especialistas correspondientes
-Desconectar y si la situación es estresante pedir ayuda y buscar momentos de descanso
-Desterrar palabras como “pobrecito” o “Qué pena”
-Valorar cada avance o logro que consigue el niño, por pequeño que sea
-Aprovechar la situación para educar en valores también a los demás hijos.
-Educar en la aceptación de las diferencias individuales
-Tener cuidado con los pensamientos que aseguran un futuro negativo

 Artículo elaborado con el asesoramiento de Mar Sánchez Marchori,
pedagoga y directora del Instituto Valenciano de Pedagogía Creativa

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