Sueños como la escolarización, la posibilidad de un buen futuro y el derecho a ser niños… son los que hace posibles la ONG española Sonrisas de Bombay que trabaja para conseguir un mundo más justo y digno para los sectores más pobres de la ciudad de Bombay y actualmente, gracias a sus proyectos y contrapartes, da posibilidad de trabajo a 339 personas de la India.
"Los barcos de Babu"
“Había una vez un niño que se llamaba Babu y vivía en una zona de chabolas de una ciudad lejana llamada Bombay.
La zona de chabolas en la que residía Babu, junto a sus padres y sus dos hermanos, estaba cerca de una escuela a la que cada día acudían grupos de niños peinados con aceite de coco y vestidos con un elegante uniforme azul.
Babu siempre les observaba mientras reían, hablaban y andaban medio curvados cargando sus mochilas llenas de libros de los que aprender.
Él no podía ir al colegio. El sueldo de su padre, que trabajaba recogiendo bolsas de plástico en las calles, no era suficiente para pagar la comida que se necesitaba en casa y el alquiler de la chabola, así que Babu todas las tardes debía acudir junto a sus dos hermanos a ayudar a su padre.Babu miraba embelesado a aquellos niños de su misma edad que reían y que iban cada día a escuchar las lecciones de sus maestros. Les consideraba con suerte. Y en el fondo, aunque no lo supiera nadie, Babu soñaba con poder ir algún día a una escuela.
La pasión de Babu eran los aviones. Cientos de ellos sobrevolaban todos los días el barrio en que vivía, y a Babu le gustaba imaginar los lugares lejanos y exóticos a los que iban. ¡Que altos volaban! ¡Y qué fuertes parecían! ¡Tanto, tanto, que ni las tormentas podían derribarlos!
La otra pasión de Babu eran los barcos. Le gustaba construir barcos con los papeles que encontraba entre los plásticos que recogía. Los hacía flotar en los charcos de agua sucia que había en su calle. Imaginando que eran mares profundos llenos de peces y delfines que jugaban al compás de las olas, mientras la embarcación avanzaba timoneada por un experto capitán.
Curioso, alzó la mirada y entonces vio uno de los espectáculos más bellos que jamás había contemplado: decenas de cometas de colores relucían a lo alto como pájaros de papel. Volaban fuertes y al ritmo que marcaba el viento, bailando con la música del aire y creando en el cielo nuevos matices de color. Boquiabierto, Babu pasó minutos contemplando aquel bonito espectáculo.
-¡Ni lo sueñes, Babu!- le dijo su padre al ver cómo observaba y adivinar sus deseos –Estas cometas son muy caras, son sólo para niños que van al colegio,. Pero mira tus barcos, también son muy bonitos….
-“Pero no pueden volar…” –pensó Babu en sus adentros, triste y cabizbajo. Aquella noche Babu no durmió. Estuvo pensando cómo podría hacer para que sus veleros se alzaran y tomaran el vuelo, soñando que algún día, si él se lo proponía, sus barcos también podrían volar,, como las cometas de aquellos niños que iban a la escuela. Al día siguiente mientras su madre preparaba la comida en un pequeño fogón de gas, Babu le confesó sus ideas.
-¡Algún día construiré barcos que puedan volar, mamá! –dijo con gran brillo en los ojos.
-¡Estás loco, Babu!- exclamó la madre -¡Los barcos no vuelan!
Babu, al ver desmoronado el sueño que había tejido durante toda la noche, sintió en su pecho una fuerte presión, que fue subiendo poco a poco como una aguja en su garganta, hasta ue se convirtió en un hilo de voz y dos lágrimas de gran tamaño a punto de asomar por sus ojos.
-Si que vuelan…- Respondió Babu antes de romper a llorar.
-¡Tienes que quitarte esos pájaros de la cabeza! – repetía la madre.
¡Claro! ¡¿Cómo no se le había ocurrido antes?! Si preguntaba a un pájaro, tal vez podría darle la solución. Apresurado, salió corriendo de la cahbola buscando uno de los muchos cuervos que planean sobre la ciudad.
Al ver un cuervo reposando en un montón de basura, Babu se le acerco.
-Cuervo, ¡me podrías ayudar a construir barcos que vuelen? –le preguntó decidido.
El cuervo se puso a reír. –Los pájaros somos los que volamos, Los barcos no. No te puedo ayudar porque eso que me pides es imposible. Los barcos voladores no existen ni existirán jamás. Al día siguiente, mientras Babu hacía navegar sus barcos de papel por aquel charco marrón, uno de los niños de la escuela le miró con desprecio.
-¡Yo algún día construiré barcos que podrán volar muy lejos, como vuestras cometas! –exclamó Babu.
Los niños empezaron a reírse de él y a tirarle bolas de papel.
-¡No sabes nada, tonto! ¡Los barcos no pueden volar! –se mofaban. Babu humillado y secándose las lágrimas con la manga sucia de su camisa, corrió bien lejos.
¡Entonces se le ocurrió una idea! Si iba cerca del puerto, seguro que encontraría alguien que supiese muchos de barcos. Y ellos le dirían, seguro, cómo hacer barcos que pudieran volar. Tras andar durante muchas horas entre el abarrotado tráfico de la ciudad, Babu por fin llegó al puerto.
-¡Qué quieres , renacuajo?- le preguntó un marinero que ordenaba sus redes.
-Me gustaría saber cómo hacer barcos que puedan volar…
-¡Lod barcos no vuelan, chico! ¡Qué tonterías dices! –le contestó el marinero -¡Si fueras a la escuela sabrías que eso es imposible!
Babu, de repente se sintió muy triste. No sólo por ver cómo su sueño no era posible, sino por no poder ir a la escuela. “Quizás es verdad –reflexionó Babu –y tienen razón al decir que soy tonto porque no voy a la escuela”. Pero aún así, algo en su corazón le decía que de alguna manera su sueño era posible. Y que nunca dejará de soñar.
Pasaron los días y las semanas, y un buen día, cuando Babu observaba aquellos aviones sobrevolando Bombay, sus padres llegaron a la chabola con una noticia que cambiaría su vida. Y la de sus hermanos. Y la del destino de aquella familia.
-¡Babu, Babu! –le gritó su madre con una enorme sonrisa -¡tenemos muy buenas noticias!
-¡¿Habéis encontrado barcos que vuelen?! –exclamó él con los ojos muy abiertos y levantándose apresurado.
-¡No tonto! ¡Eso es imposible! ¿Aún sigues con esas tonterías? La noticia es que hemos conocido una gente de España, un lugar lejano…
-“Lejano… -repetía interiormente Babu- …¡como los lugares a los que van los aviones…!”. Sus ojos, de repente, emitieron un destello de ilusión.
-Si, Babu, -añadió su padre – y dicen que podrás ir a la escuela. ¡Ellos nos ayudarán!
Babu no sabía cómo reaccionar. ¿Él, a la escuela? ¿Cómo los niños que pasaban cada día por su calle y hacían volar cometas? No lo podía creer… ¡Ahora tendría su misma suerte! Por fin llegó el día y Babu y sus hermanos fueron a la escuela. Con sus uniformes azules y los cabellos peinados con aceite de coco.
Babu estaba muy contento, ahora era como aquellos muchachos que andaban cada día por su calle y que antes se reían de él.
Pero, por otro lado, había algo que entristecía a Babu: si iba a la escuela, tal vez algún maestro le confirmaría lo que tantos le decían: que los barcos no pueden volar,.
Y él, aunque hubiera pasado tanto tiempo desde que e4mpezó a soñar, sabía que sí que los barcos volaban y que tal vez algún día podrían ir a aquel lugar lejano dónde vivían todas las personas que estaban ayudando a su familia.
Y por eso Babu empezó a construir muchos barcos con el papel de colores que ahora podía conseguir en su escuela.
Al día siguiente sus compañeros pasaron por su casa con cometas en la mano. “¿Babu, dónde está tu cometa? –le dijeron los otros niños - ¿no recuerdas que hoy era el día de las cometas y todos teníamos que llevar la nuestra?”
Babu miró hacia el suelo. Y lo mismo hicieron sus padres, que a pesar de las ayudas aún no podían costear la compra de una cometa. Los niños reanudaron sus burlas y empezaron a tirar, de nuevo, bolas de papel en la cara de Babu, que no podía contener el llanto.
Pero nadie sabía que los sueños se cumplen…
-¡Mirad eso! ¡Mirad eso! –chilló de repente uno de los niños, señalando detrás de Babu. Babu se giró y no podía dar crédito a lo que veían sus ojos: de repente, como por arte de magia, los barcos de papel que estaban en el charco empezaron a volar.
Los niños, el cuervo y todos los que estaban allí no daban crédito ante aquel espectáculo. Los barcos volaban cada vez más altos y más lejos, formando en el cielo bonitos grupos, al igual que las gaviotas cuando vuelan a orillas del mar.,
Babu entendió que los barcos iban a ese lugar lejano, y que por fin, su sueño se estaba cumpliendo.
-¡Nosotros también queremos uno de esos barcos! ¿Danos alguno! –exclamaban entusiasmados los niños, saltando de asombro.
-No es posible- susurró Babu mirando hacia el horizonte- es solo para ellos, para las personas que, desde lejos, me están ayudando a mí y a mi familia…
-¿Y porqué a ellos? –insistían alterados
-Porque vosotros os reísteis de mi cuando os hablaba del barcos voladores y nunca creísteis en mi sueño. Ellos sí.
Y mientras todos los barcos volaban hacia lo lejos, Babu, feliz y satisfecho, esbozó la más grande de las sonrisas, repitiendo en sus adentros. –Ellos creyeron en mis sueños. Ellos, si.
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