Las vegetaciones hipertróficas pueden obstruir las vÃas respiratorias y además de segregar mucho moco es fácil padecer sinusistis u otitis
Manuel Praena, pediatra y coordinador del Grupo de Vías Respiratorias de la AEPap
Las adenoides, también conocidas como vegetaciones, son un órgano linfoide, parecido a las amígdalas que está situado en la parte alta de la faringe, tras las fosas nasales, por encima de la úvula o campanilla. Cumplen una función defensiva del organismo frente a las infecciones.
¿Tener vegetaciones equivale a tener una enfermedad? No. Las vegetaciones o adenoides están presentes en todas las personas al nacer. En los primeros años de la vida aumentan de tamaño, estimuladas por las infecciones respiratorias de la infancia, pero a partir de los 6 años de edad tienden a disminuir con el desarrollo del niño. Al llegar la adolescencia se han atrofiado.
¿Cuándo están enfermas las adenoides? Cuando sufren una infección. En ese caso, la fiebre suele estar presente. Reaccionan inflamándose y produciendo moco abundante y espeso. Se adquiere por contagio a través de la tos y los estornudos entre personas que se encuentran próximas y suelen curarse sin secuelas en pocos días.
Con las adenoiditis se segrega mucho moco. Es frecuente que las niñas y niños se lo traguen. La inflamación y el moco pueden producir sinusitis u otitis.
¿Tener vegetaciones excesivamente grandes equivale a tener una enfermedad? Sí, este agrandamiento excesivo se considera también enfermedad. Se conocen como adenoides hipertróficas. Originan problemas cuando su tamaño es mucho más grande de lo normal, porque obstruye las vías respiratorias: respiran con la boca abierta, tienen un ronquido algo peculiar, alteraciones del sueño y voz como si se tapara la nariz. Cuando causan obstrucción sólo pueden tratarse extirpándolas en el quirófano.
Repercusión de las enfermedades de la adenoides Cuando se repiten varias veces al año, afectan a la calidad de vida e impiden la asistencia al colegio en ese tiempo.
En las de moderada intensidad pero permanentes, el niño estará constantemente expulsando moco o tragándoselo, lo que favorece la presentación de vómitos. Esto repercute en su alimentación afectando su nutrición.
La obstrucción respiratoria causada por adenoides hipertróficas puede producir sueño durante el día. Se dificulta la concentración intelectual. Esto tiene algunos riesgos: distracciones, bajo rendimiento escolar, accidentes. Los casos muy extremos pueden conducir a enfermedades del corazón, derivadas de hipertensión pulmonar. La respiración continua por la boca puede alterar la forma de la dentadura y requerir ortodoncia.
¿Cómo se tratan las enfermedades de las adenoides? La mayoría son víricas y su tratamiento es similar al de los catarros nasales, de los cuales es difícil de distinguir. El pediatra prescribe analgésicos o anti-inflamatorios para el dolor o antitérmicos si tiene fiebre. Son muy útiles las medidas de higiene nasal para eliminar la mucosidad: lavados, extracciones con aspirador manual, etc. Sólo cuando la infección es bacteriana el pediatra indicará la toma de un antibiótico que puede llegar a ser ineficaz por el mal uso, ya que los gérmenes pueden hacerse resistentes. Si se extiende a oídos, garganta, laringe o bronquios necesitará tratarse con más medicamentos y durante más días.
¿Cuándo es necesario extirpar las vegetaciones (adenoidectomía)? Suelen desaparecer de forma natural al alcanzar la adolescencia. Se aconseja la adenoidectomía cuando la repercusión de las enfermedades de las adenoides haga aconsejable no esperar a este momento. Extirparlas es molesto y doloroso y por eso se realiza con anestesia general. Ocasiona también gran impacto psicológico si no se hace así. Además, es difícil garantizar su extirpación completa sin anestesia general.
¿Se pueden reproducir las vegetaciones? En la actualidad, gracias a la anestesia general, la extirpación es completa. Se trabaja con comodidad y se revisa la zona quirúrgica cuantas veces sean precisas. Así no se reproducirán.
¿Puede perjudicar en algo la operación? Las adenoides protegen al organismo frente a determinadas infecciones. Pero su extirpación no reduce las defensas ni predispone para padecer otras enfermedades. El cuerpo suple su desaparición con otros órganos repartidos por la garganta y el resto del sistema inmunitario.