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Alimentar a un adolescente

La adolescencia, desde el punto de vista alimentario comporta una necesidad de aportes de nutrientes que van in crescendo desde los 11 a los 19 años

 

AMPARO LUCAS ALBA  Dietista clínica. Somos lo que Comemos

 

 Los adolescentes viven frecuentemente muy ocupados en la escuela, el trabajo y las actividades deportivas. Se preocupan con mucha facilidad por su imagen corporal. Y si están comiendo mucho o muy poco puede afectar su crecimiento, físico y su desarrollo intelectual. 

 

Epidemiológicamente, la deficiencia de hierro es la causa más frecuente de anemia nutricional. La importancia de las anemias nutricionales y de la deficiencia de hierro radica no solamente en su alta frecuencia, sino en los trastornos funcionales que ocasionan, aun en su forma moderada, en esta etapa de la vida.

 

El equilibrio entre los requerimientos y las cantidades de hierro absorbido puede verse afectado por cambios en las necesidades fisiológicas, pérdidas anormales de hierro o un aporte inadecuado de hierro en la dieta.

 

Los factores que contribuyen a la aparición de la anemia ferropénica en escolares y adolescentes pueden ser el crecimiento rápido, el bajo consumo de hierro en la alimentación y las pérdidas sanguíneas; la deficiencia puede ser el resultado de un solo factor o de la combinación de varios. No hay que olvidar que los adolescentes incrementan sus necesidades de hierro por aumento de la masa muscular-distinta cualitativamente en cada sexo- y el inicio de la menstruación en las mujeres.

 

Mejorando los hábitos alimenticios

 

Si está preocupado acerca de los hábitos alimenticios de su hijo, hable con su nutricionista, las anemias y los déficit de nutrientes afectan especialmente a la salud de nuestros hijos adolescentes e influyen en sus resultados académicos.

 

Se trata de mejorar los hábitos alimenticios:

 

-Ayudémosle a planificar el día, si él no puede estar en casa a la hora de las comidas.

 

-Enseñémosle a realizar mezclas saludables para sus almuerzos y comidas. Esto le evitará que consuma comidas de menor calidad que las preparadas en casa. Puede llevar tentempiés adicionales o alimentos que él pueda preparar rápidamente.

 

-Una buena dirección es integrar en el plan alimentario cinco raciones de “frescos” al día, entre frutas y verduras. Carne de calidad dos o tres veces a la semana, huevo dos veces a la semana y cereales, a diario y legumbres, dos veces a la semana.

 

-Nuestro hijo adolescente también puede aprender de nuestros buenos hábitos alimenticios. Enseñarle con nuestro ejemplo y elogiarlo cuando elija buenos alimentos.

 

-Durante esta época tratemos de no criticar su apariencia física. Los adolescentes sufren muchas veces por su cambio corporal y hormonal que terminan integrando y estabilizando más adelante, en su juventud.

 

Los consejos dietéticos desde casa saldrán bien cuando se fundamenten más en el ejemplo y el apoyo mutuo que en órdenes que el adolescente no corrobore con los hábitos generales en la casa. Hay que estar especialmente atento a no transmitir ideas al adolescente sobre su esquema corporal que puedan derivarle a desarrollar un trastorno de comportamiento alimentario (TCA).

 

Ayúdale desde casa

 

- Cambiar los hábitos alimentarios (comer despacio, desarrollar una rutina de horarios y comidas)

 

- Planificar las comidas y hacer una mejor selección de los alimentos.

 

- Controlar las cantidades y seleccionar alimentos más frescos.

 

- Aumentar la actividad física (especialmente, caminar o subir y bajar escaleras) para conseguir un estilo de vida más activo, en aquellos adolescentes que aún no lo son.

 

- Comer en compañía, al menos una vez al día, en familia a ser posible, evitando realizar a la vez otras actividades como ver TV, jugar con videojuegos etc.

 

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