Por ANA SERRA
Si quieres cambiar el mundo y que los objetivos de milenio sean algo más que papel mojado, hay que buscar a las personas más ilusionadas, a aquellas capaces de creerse que otra realidad es posible. Por eso nació Infancia Solidaria (IS) que desde 2005 apuesta por que fueran los niños los que llevaran a cabo este cambio.
La situación de la infancia en muchos lugares del mundo es desoladora, con bajos niveles de escolarización, falta de higiene y de acceso a una sanidad digna, y aunque los niños del primer mundo viven ajenos a esta realidad, sin su apoyo será muy difícil cambiar las injusticias. “Debemos educar a los niños en la tolerancia, la solidaridad y el respeto y el amor por los demás, rescatándoles del egocentrismo” según aseguran en IS, por ello los niños son los socios principales de esta ONGD.
Infancia Solidaria, a través de los proyectos que lleva a cabo, quiere lograr que exista “un solo mundo”. Para ello, involucran a los niños en cada proyecto y provocan un diálogo entre padres e hijos para lograr así un cambio social. De esta forma, los niños del primer y tercer mundo lograrán construir un solo mundo para todos.
Infancia Solidaria envía periódicamente a cada niño socio un informe de los progresos que se realizan gracias a su colaboración, para que comprendan que cualquier colaboración es importante. Además, organiza actividades para recaudar fondos a las que se invita a los niños socios y en las que la sensibilización a través de talleres es fundamental para ampliarles horizontes, más allá de los videojuegos.
Niños de un solo mundo
Uno de los programas de Infancia Solidaria es el de acogida que se desarrolla fundamentalmente en verano, de forma que los niños del primer mundo aprenden a compartir su tiempo y vacaciones con otros niños.
Para los niños acogidos es una oportunidad de descubrir que es posible romper el círculo de pobreza en el que han nacido y conocer otras formas de vida y otras herramientas para salir adelante. Por su parte, las familias acogedoras tienen la oportunidad de comprobar cuán enriquecedor es esta experiencia.
Sana-sana
Por otra parte, IS trabaja para cumplir los objetivos del Milenio, por eso, una parte muy importante de su trabajo se centra en lograr que los niños tengan acceso a una asistencia sanitaria. Gracias al programa sana-sana muchos niños han podido viajar a España para ser operados o han podido pagarse una operación en su país de origen.
Se intenta realizar las intervenciones en los países de origen, pero no siempre es posible, por lo que se recurre a familias de acogida que estén dispuestas a acoger durante unos meses al niño y a su madre en España.
Las familias que han acogido a niños en estas circunstancias aseguran que es una experiencia muy enriquecedora, tal y como cuenta Ariadna Terribas. “No negaré que convivir durante cuatro meses con Alexandra y su mamá, Sábado, que hablan un idioma diferente al nuestro, con unas costumbres tan diversas, haya sido fácil, pero puedo asegurar que ha valido, y mucho, la pena. No creo que la única beneficiada de esta experiencia haya sido mi princesa negra. ¡Todos los que hemos estado a su lado hemos crecido!”
Más de setenta niños han podido beneficiarse de la ayuda de los voluntarios de IS, pero todavía quedan muchos niños esperando alguna operación, como Isaia, un joven boliviano que espera un trasplante de riñón.
Cuéntame un sueño
Los niños necesitan algo más que asistencia sanitaria y educación. Para Infancia Solidaria los niños son ilusión, son sueños, son esperanza y por eso pusieron en marcha el programa “Cuéntame un sueño” junto con asociaciones oncológicas.
Infancia Solidaria se pone en contacto con los padres de los niños con enfermedades para averiguar cuál es su sueño y empiezan a trabajar para cumplirlo. Es el caso de Víctor, quien pudo asistir al rodaje de la serie “Águila Roja”, o Lucía que conoció a los miembros de La Oreja de Van Gogh.
Si quieres implicar a tus hijos en la asociación entra en Infancia Solidaria
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