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Verano en familia: ¡Tengamos las vacaciones en paz!


Padres, hijos, hermanos, abuelos, primos, nietos, cuñadas y suegros… las relaciones familiares adquieren en verano una nueva dimensión
Las vacaciones suponen un tiempo en el que muchas familias se reúnen y los padres y los hijos pasan más tiempo juntos.

Es fácil imaginar que gestionar este entramado de relaciones no resulta sencillo y que, frecuentemente por no “saber hacer” más que por no “querer hacer”, se generan situaciones de cierta tensión, como son malentendidos.

El verano es un punto de inflexión en la vida familiar. El aumento de tiempo libre y la mayor relación e interacción familiar puede ser directamente proporcional al incremento de los conflictos. Durante los meses de invierno cada miembro de una familia tiene su propia rutina (trabajo, clases, actividades deportivas...) que se rompe al llegar las vacaciones y aumenta el tiempo que pasan juntos y las situaciones en las que se interactúa unos con otros, que no siempre supone un acercamiento, sino todo lo contrario.

Además las costumbres de cada familia y las diferentes personalidades y actitudes pueden facilitar o complicar las relaciones. Pero además, el entorno familiar se “amplia” en verano, incorporándose de manera “natural” otros miembros de la familia externa, y cada uno viene con una expectativa de veraneo diferente y con una especial “historia” que puede crear tensiones.

Diferentes estudios han puesto de manifiesto que en la época estival es cuando más matrimonios se rompen o se inician más conflictos y lo mismo puede suceder con los hijos.

Algunos consejos pueden evitar que el hecho de convivir las 24 horas del día pueda provocar problemas familiares.

El primero de ellos es dotar el tiempo de ocio de contenido positivo, mantener actitud de disfrute para poder estar y hablar unos con otros.

Además, ante situaciones que se vislumbran como difíciles, hay que prepararse a nivel doméstico pero también desde el punto de vista psicológico y no dejar a la improvisación actuaciones que en sí mismas se escapan a nuestro control emocional.

Tener momentos de descanso, para realizar las actividades favoritas, ayuda a que en otros momentos en los que se puedan dar situaciones de tensión, podamos tener la suficiente paciencia y prudencia para no “chocar” con otros miembros de la familia.

En cualquier caso, lo más importante es prestar atención a nuestros pensamientos, ya que frases como “siempre es igual”, “es horrible”, “no lo puedo soportar”, “estoy seguro/a que lo hace adrede”, “solo me pasa a mí”, en situaciones cotidianas, dificultan el equilibrio emocional y puede hacer saltar la chispa de una discusión.

CUANDO LOS HIJOS CRECEN

A medida que crecen los hijos se va haciendo más difícil compartir con ellos las vacaciones. Tienen sus propios amigos y quieren hacer sus propios planes, en los que no suelen incluir a sus padres. Además, una vez acabadas las clases vuelven a plantear la lucha sobre la hora de irse a dormir, levantarse o de volver a casa.

Para conseguir no sólo sobrevivir al verano, sino también que estos meses sea un momento de acercamiento, los expertos recomiendan buscar un plan lo más atractivo posible para hacer toda la familia juntos, algo que les ilusione y del que ellos formen parte. Ya sea un largo viaje o una excursión, es bueno implicarles, pedirles opinión, hacerles partícipes de los preparativos y tomar decisiones conjuntamente. Asimismo, hay que respetar su propia parcela y ser un poco más flexibles con las normas.

Y nunca hay que olvidar incluir en el equipaje grandes dosis de paciencia, imaginación, mano izquierda, sentido del humor y mucho cariño, para que todo sea perfecto.

Artículos elaborados con el asesoramiento de Mar Sánchez Marchori.
Directora del Instituto Valenciano de Pedagogía Creativa

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